GUARIMBAS INCENDIARIAS.

Enrique Velasco Garibay

Enrique Velasco Garibay

A partir del experimento socialista que Hugo Chávez impuso en Venezuela, esta siempre será un tema referente, recurrente en la voz colectiva de los latinoamericanos. Una y otra vez ha salido a relucir el ejemplo de lo que debía o no debía hacerse en un país hermano, primo, amigo, enemigo…., llámele como quiera, el fluido de  ideas y opiniones da para eso y más.

El petróleo regalado a Cuba, el ‘coaching’ castrista a Don Hugo, los educadores cubanos en campos y sierras bolivarianas, Ortega nicaragüense bravuconeando con los vecinos, persecución a los medios que se dicen democráticos en Venezuela, denuncias de complots colombianos dirigidos desde la Casa Blanca, amistades risueñas con Irán, coqueteos con los enemigos del Imperio y otros muchos etcéteras componen la agenda de la Venezuela contemporánea.

Claro, desde la óptica de los amos, la enorme alberca de petróleo en la que nada el país  es el argumento subyacente en el que se esgrime la grave y seca preocupación de los ‘inversionistas’, de Wall Street, del Stock Market, de los laberintos públicos del poder draconiano como la CIA, el pentágono y  diablos y satanes  mayores.

Por esa única y oscura razón, la prensa gringa dedica torvos comentarios que van desde la nula posibilidad del Estado de saldar cuentas a los proveedores internacionales y locales, hasta fabricar mucha bulla panfletaria por los 20 o 30 fallecidos a lo largo del conflicto o las personas perseguidas con saña y la transgresión policiaca de hogares y negocios para encarcelar amas de casa, jóvenes o ancianos que protestan por el allanamiento casero.

No aplaudo la muerte de nadie ni la persecución, pero la orquesta dirigida desde la prensa reaccionaria del norte ultra desarrollado trata con saña a Maduro el ignorante, mientras decenas de miles de ‘casualties’ se dan por montones en la mira armamentista global del hombre blanco. Léase ‘redneck’.

Es curioso observar el comportamiento ‘buitre’ de los mercaderes y fariseos occidentales en Venezuela. Los grandes corporativos neoliberales no se van del charco petrolero, no huyen de la pestilencia sabedores del ubérrimo jugo sanguíneo que atraviesa cada una de las venas abiertas de la América veneciana, venezolana. Gracias Galeano.

La inmadurez criolla tal vez calcula que esta no será una “primavera venezolana”, la esfera burocrática quizás piensa que el conflicto llega en inmejorable momento ya que desvía atenciones del serio problema económico y de la criminalidad creciente. Se relamen el bigote al pensar que pueden, inclusive, vigorizar su flácida y estéril dictadura.

Los indicadores llegan puntuales. Violencia urbana, violaciones al alza, racionamiento de bienes de consumo –asociados normalmente a los tiempos de guerra-, servicios restringidos y caros,  la tasa anual de inflación en 56% se coloca como una de las más altas en el mundo. En fin, la peste del conflicto social y la caballada apocalíptica.

El pasado 5 de marzo, cuando el gobierno, más militar que civil, de Maduro conmemoraba el primer año de la muerte del Primerísimo Comandante, se desató el pleito y la protesta callejera en donde hubo 20 muertos y más de mil detenidos. Hoy sigue la persecución dirigida a los barrios de la clase media de todas las ciudades del país. Clase media igual a enemigo de la revolución.

Los rebeldes, en un gesto entre anárquico, desafiante y de auto defensa bloquean calles y fabrican barricadas o guarimbas para incendiarlas y corren la invitación a los Colectivos -que son la milicia civil chavista- y a la Guardia Nacional para que vuelvan a la carga de la violencia desatada.

La revuelta lleva la penitencia en el nombre, nada está claro. La congresista de oposición María Corina Machado y el anti chavista ex alcalde de Chacao, Leopoldo López (en custodia militar desde el 18 de febrero) apoyan la insurrección callejera. La Mesa de la Unidad Democrática, contrarios anti chavistas moderados, tratan de mantener la institucionalidad partidista.

Los chavistas-maduristas siguen gritando el cansón y desgastado discurso de la intromisión norteamericana, por su parte, los rebeldes vociferando que no van a aceptar una dictadura a la cubana. Y ahí se detuvo el tiempo.

Todavía no aparecen las condiciones necesarias –ni siquiera el hambre y el desabasto- para que caiga el gobierno de Maduro. No existe una Hermandad a lo musulmán con un plan de acción, una logística, una plataforma. Una primavera propicia.

Pero el problema real no es quitar a Maduro de la silla gubernamental, la verdadera dificultad consiste en desmantelar el chavismo que crece en cada rincón. Sin mencionar que la milicia es la heredera natural del difunto y que comparte el poder con aquel que ellos consideren digno de sus propios intereses.

El chavismo va para largo, esperemos que la sangre no.♦

 

*Enrique Velasco

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