Devenir lector, devenir humano, devenir animal a partir del bestiario borgesiano.

Manual de zoología Fantástica

 

Deleuze y Guatarri (1988) consideran que el Manual de Zoología fantástica de Borges y Guerrero es un libro fallido. Esencialmente porque este supone una imagen heteróclita e insulsa del mito al encontrarse allí la constatación de la oposición occidental hombre-animal, que anula la posibilidad de devenires transicionales, la posibilidad de una relación fantástica entre hombre y animal.

Por mi parte, advierto que en el Manual de Zoología fantástica (1957) hay un intento por escapar a las definiciones genéricas, tal como lo anota Borges y Guerrero en el prólogo: es una combinación azarosa de la inconmensurable tradición literaria habitada por seres sobrenaturales y bestias mágicas. Lo cual querría decir que el Manual puede ser visto como un lugar donde se expresa un arte combinatorio que opera entre lo imaginario y lo real, a través de procedimientos que superponen temporalidades textuales, es una red intertextual.

Encontramos referencias a citas de autores, recurrencias a lo onírico como los sueños de Lewis o Kafka, en fin, una combinación de bestiarios orientales y europeos donde la imaginación pura se mezcla con la erudición libresca para expresar lo imposible y lo increíble. La pregunta desde la preocupación Deleuziana por este acto fallido que supone el Manual de zoología fantástica al negar al hombre su devenir animal es, si puede realmente haber una desterritorialización mutua de animales y hombres, un devenir mutuo que se multiplique. La respuesta afirmativa a esta pregunta abriría el camino a un devenir-lector, en la medida que el ejercicio literario de Borges asombra y descentra de manera onírica las taxonomías y categorizaciones a partir de personajes intertextuales. Ese asombro que cuestiona la cosmovisión del lector que lo lleva a reelaborar los sentidos de mundo a partir de mecanismos de extrañamiento.

No considero que en el bestiario borgesiano se deje por fuera toda problematización sobre la relación animal-humano como sí lo creían Deleuze y Guattari, muchas veces lo que ocurre es que si bien la oposición no se borra sí se desequilibra. Aunque no se puede negar que sea difícil encontrar en el Manual (a diferencia de otras obras de Borges) un cuestionamiento a los límites que vaya más allá de la visión occidental que opone lo humano a lo inhumano. No obstante, sabemos que el objetivo del género fantástico es precisamente ironizar sobre el espacio fronterizo de lo real, y es a esto a lo que invita, desde la ironía, el escritor argentino por el que se vieron tan interesados Deleuze y Guattari.  Para recorrer este camino en el libro Literatura, filosofía y animalidad Miguel Ángel Méndez (2012) propone una tesis interesante a favor del bestiario borgesiano como posibilidad de desestabilizar las fronteras, tesis que expondré en líneas posteriores.

I

El animal ha sido la frontera o el límite para el hombre, porque le ha dicho a partir de una categorización a priori lo que es respondiendo a lo que no debe ser. No obstante, este hecho que pareciera naturalizado está situado históricamente en la modernidad, allí el animal ha tenido un lugar marginal, ha sido excluido convirtiéndose incluso en un objeto de estudio. Así pues, el animal viene siendo algo así como la marca para el hombre de lo que ya no es y de lo que no deseará ser. La exclusión permite dar definiciones sobre lo humano, así su objetivo no sea otro que hacer del hombre cada vez más humano y cada vez menos animal.  Ahora bien, Los análisis deleuzianos nos permiten saber que lo humano y lo animal son conceptos que están en constante construcción, esto quiere decir que las características de lo uno y de lo otro son móviles, incluso se puede afirmar que son reflejos mutuos. No son conceptos a priori separados como ha creído y reproducido buena parte de la filosofía occidental, cuyos efectos han sido una jerarquización donde el hombre se encuentra por encima del animal,  excluyéndolo y dominándolo.

Méndez, apoyándose en Deleuze, propone un reajuste de estas fronteras, que están en constante experimentación y movimiento entre lo uno y lo otro, para que sea posible a partir de lo animal pensar lo humano y no simplemente excluirlo. Esto con el objetivo de acortar las distancias entre las nociones de lo humano o lo animal, o incluso para ir más allá de la concepción a priori de estas entidades que se encuentran conectadas en un continuum donde no hay un límite claro. De manera que, lo animal para Deleuze es el medio para responder la pregunta antropológica. Esta idea de continuidad es revitalizada del pensamiento spinozista, idea que proyecta una ausencia de barrearas a partir de lo cual se pueden pensar lo(s) propios(s) de lo Animal y lo Humano.

El camino que va a recorrer Deleuze para borrar las definiciones ya acabadas, es explorar el tema de las afecciones de los cuerpos, cuya premisa es que todo cuerpo tiene la posibilidad de afectar y ser afectado. El hombre entonces no se podrá definir como un sujeto, como un “un hombre desconectado y sin vínculo alguno (…) una creación perfecta que flota fuera del alcance de toda contingencia, [como] un hombre cerrado” (Méndez. 2012 p: 48) sino que será definido a partir de lo que es capaz su cuerpo. La capacidad de afectar y ser afectado no es una actividad que pueda darse en un plano individual, necesariamente tiene que haber conexión con otros cuerpos. Porque todo cuerpo es primordialmente una hacceidad, esto es, una afección que afecta.

 Los animales responden a un mismo plan o diseño pero difieren en sus modos, grados o velocidades para afectar y ser afectados. Los animales se contienen unos a otros porque cada uno se actualiza en una forma, pero virtualmente contiene todas las formas posibles. Un huevo o una larva son cuerpos que no se han terminado de potencializar, que no tienen todavía características ni órdenes fijos, son portadores de un dinamismo para poder organizarse al ser cuerpos desorganizados y sin jerarquía alguna. “Es sabido que el huevo presenta justamente ese estado del cuerpo “antes” de la representación orgánica: ejes y vectores, gradientes, zonas, movimientos cinemáticos y tendencias dinámicas, con respecto a los cuales las formas son contingentes o accesorias”  (Deleuze, 2002: 47)

Un diseño único es lo que va a conectar las hacceidades de los animales (y de los hombres), todos los animales o están unidos o están al lado del otro y cada uno presenta una actualidad pero en el fondo cada uno contiene todas estas virtualidades; son una totalidad virtual dispuesta a muchas modificaciones “Entonces, como todo animal es un cuerpo que también se define por sus modos, es actualmente uno pero virtualmente todos, más aún como hacceidad tiene en consecuencia actualidad y virtualidad a la vez. No es que tenga la posibilidad de transformarse en otro animal a voluntad, más bien es un animal que  contiene ya a los otros animales en si” (Méndez, 2012 p: 50)

Estas formas desactualizadas no son más que Cuerpos sin Órganos (CsO). Un CsO  es una actividad que hace posibles nuevas conexiones, actualizándose de maneras no pre configuradas, para así mismo lograr conectarse con otras potencialidades de maneras inesperadas, creando reconexiones heterogéneas. Es una afección que afecta en vías de afectar, es potencialidad y virtualidad. Un Cuerpo sin Órganos es un conjunto de prácticas, no una noción o concepto, es ante todo, una experimentación activa de algo por llevar a cabo para actualizase en muchas o todas las posibilidades, no organizadas, no jerarquizadas, no tomadas en un solo cuerpo. Además está situado en un instante en el que hay una nueva configuración.

El devenir de un CsO es un lugar donde la desorganización y la virtualidad (el sujeto y el animal) pueden conectarse de maneras no medidas “El CsO (…) deja libre un camino para generar nuevas conexiones heterogéneas o agenciamientos, es aquí donde está el comienzo del devenir, en la realización de un nuevo agenciamiento excepcional que es operable gracias al CsO” (Méndez, 2012 p: 54).  Puesto que  guarda en sí también la posibilidad de ponerse en contacto con otros agenciamientos, por esto se comunica con otras actividades que se están actualizando. Un CsO hace posible disolver las organizaciones para que cambien de naturaleza las conexiones que había en un principio; la organización pasa a ser materia informe dispuesta a actualizarse de una nueva manera. “En este tenor, el CsO no distingue en sus conexiones y no escatima en ellas, es capaz de conectarse a todos los ámbitos y en todos lados, hace conexiones nada homogéneas, mejor dicho, se conecta siempre de manera heterogénea, hace agenciamientos. En estas comunicaciones se llevan a cabo “uniones monstruosas” (Méndez, 2008 p: 53)

El devenir animal comienza realizando nuevos agenciamientos en colectivo, en manada, en banda. Es inocuo suponer que un agenciamiento puede realizarse individualmente. Tiene más bien que involucrar las conexiones no para formar un yo sino para expandirse y generar nuevos agenciamientos que vuelven de nuevo a la materia informe y desorganizada. “lo importante (…) es, como dice Deleuze, mostrar que el devenir no es una imitación de dos latitudes o de dos rubros, sino que es un cambio que se hace de manera colectiva y comunicada con otro, que no son fenómenos de imitación ni de asimilación, sino de “doble captura”; los dos participando de ese agenciamiento nuevo (…) de casamientos entre dos reinos aparentemente opuestos o diferentes” (Méndez, 2012: 57).En este sentido, la hacceidad no es una cualidad exclusiva de un CoS, todo cuerpo organizado o no, es capaz de afectar y dejarse afectar con diversas velocidades, todo cuerpo es por esto una virtualidad que busca siempre conectar de maneras heterogéneas que devienen en diferentes agenciamientos. En lo real está conectado lo virtual y lo actual, respondiendo a cierta velocidad es posible que los cuerpos actualicen sus potencias, es decir que lo virtual y lo actual están en una hacceidad.

II

Borges invita a reflexionar sobre el niño descubridor que se extraña frente a la variedad del “reino animal” que se encuentra en un jardín zoológico, esto admite a primera vista una territorialización de los cuerpos, que ocurre claramente en un en un zoológico de lo real donde es evidente la oposición animal-humano. Sin embargo, en un zoológico fantástico esta territorialización no es tan evidente porque el hombre y el animal se mezclan, ampliando o desestabilizando las categorías de lo animal y de lo humano para que todo sea introducido dentro de el gran animal, el gran humano o dentro de nada (o todo) que es a lo que nos llevarían los análisis deleuzianos sobre la animalidad.

En Borges vemos una intención, aunque no tan clara, por desorganizar los cuerpos quitándoles su carácter a priori, para generar nuevas conexiones actualizándose a diferentes niveles y velocidades.  En el Manual… es posible encontrar una movilidad de las formas, pero no es claro si una vez conformados estos nuevos cuerpos es posible desorganizarlos de nuevo. Esto se soluciona cuando ponemos a estos seres ficcionales en el nivel de una hacceidad que estarían en la en capacidad de generar nuevos agenciamientos y que a su vez estarían conectados con diferentes hacceidades. De esta manera es que pierden el sujeto y el animal la necesidad de concebirse a priori y se abre  una posibilidad para las conexiones desde un devenir animal o un devenir humano.

 Al colocar al sujeto al rango de una hacceidad capaz de generar nuevas conexiones nunca antes consideradas, este pierde toda necesidad de percibirse a priori e inconexo de las demás hacceidades, lo que se vuelve una oportunidad para que estas entren en contacto, y además, para que lleven su cuerpo a una materia intensa no formada si pretenden producir un nuevo agenciamiento (Méndez, 2012: 56)

Todo animal es en sí una manada, el acercamiento del hombre al animal comienza con la multiplicidad, no sólo el sujeto está abierto a crear nuevas conexiones, sino que el animal también se abre a la multiplicidad, a los agenciamientos y hacceidades. De manera que son las multiplicidades heterogéneas donde el hombre puede realizar sus devenires animales.

Ahora bien, Deleuze ve en el bestiario borgesiano el problema de no lograr realizar el devenir humano porque allí no hay, según él, conexiones múltiples sino que Borges  se limita a juntar  diferencias. Méndez propone dejar de lado los reparos de Deleuze respecto de la obra de Borges para intentar transferir sus reflexiones sobre lo animal al bestiario borgesiano. Esto consistiría, en acercarse al animal desde una perspectiva diferente. Para empezar, debemos preguntarnos qué significa un monstruo para Borges es “una combinación de elementos de seres reales y que las posibilidades del arte combinatorio lidian con lo infinito (Borges, 2008: 8), es un animal peculiar, anómalo como un individuo excepcional de la manada, tal como lo define Deleuze. La anomalía lo que propone es una conexión nueva porque no tiene forma, porque no está organizada, propone nuevas velocidades y nuevas afecciones; lo anómalo es un signo del devenir. Aunque lo anómalo visto así, sea algo que se escape de las intenciones del bestiario borgesiano, Méndez señala que esto no es impedimento para verlo como una seña del devenir  “Cada monstruo es una anomalía creativa de la que pueden proceder nuevas conexiones, como en un CsO, o bien inesperados agenciamientos como en un libro nuevo” (Méndez 2012: 62) un monstruo es el modelo de un cuerpo sin órganos. En este orden de ideas, en el Manual es posible encontrar formas desactualizadas y virtualidades dispuestas a potencializarse, cuerpos al fin y al cabo sin organización. Tal vez Borges esté en el nivel de lo informe, lo cual da posibilidad a cuerpos antes de su representación orgánica, que  son simplemente cuerpos sin forma o sin organización, cuerpos que gracias a su virtual dinamismo tienen movimiento y diferentes velocidades. Y es en este punto donde tiene sentido la pregunta de Méndez “¿Por qué no decir que la supuesta monstruosidad del CsO es el primer contacto con el devenir-animal y que ahí radica la importancia para ambos? (Méndez, 2012:54) Un lobo entonces  es, por ejemplo un lugar de agenciamiento, donde es posible hacer conexiones monstruosas.

III

Aunque Deleuze no lo menciona, pienso en el efecto que tiene esta manera de hacer literatura para construir un devenir lector que sea a su vez un devenir humano, lo que permitiría acercar a través de los animales de ficción al hombre y al animal. Establecer una relación nueva sabiendo siempre que somos virtualidades constantes y actualidades siempre desactualizadas.

La lectura, pues, como un devenir lector -devenir animal de lo humano-  que es potencializado gracias a un devenir escritor, quien propone nuevos agenciamientos conectando cosas que no parecen tener nada en común,  pero que son y pueden ser de otra manera, porque no tienen una forma ni una organización acabada. “Entonces una forma de comenzar este nuevo acercamiento al hombre y al animal es pensándolos, antes, como cuerpos. Así, todo cuerpo es una afección que afecta, aún más, todo cuerpo cuenta con estos elementos afectivos y ninguno escapa a ellos, lo que nos lleva a percibir que en realidad, todos los cuerpos mantienen vínculos con otros, de manera que ninguno permanece excluido de estas conexiones” (Méndez, 2012:48).

Un libro entonces, es un agenciamiento que se dirige a un cuerpo sin órganos, al lector quien también es una virtualidad constante que busca ser actualizada y des-actualizada por medio de la literatura (fantástica). La pregunta vendría a ser hasta qué punto permite la literatura borgesiana estos nuevos agenciamientos entre el lector y el libro, es decir, un devenir lector ya no únicamente un devenir escritor   “Nunca hay que preguntar qué quiere un libro, (…) no hay nada que comprender, tan solo hay que preguntarse con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce, (…) con qué cuerpos sin órganos hace converger el suyo”. Y por otro lado, qué relación es posible establecer entre lo humano y lo animal a partir de los animales de ficción, precisamente por esta re categorización móvil de lo humano y lo animal cuyo proyecto está implícito en el Manual de zoología fantástica.

Aunque Deleuze considere que Borges no logra realizar el devenir escritor porque El Manual es mitología insulsa y además, pretende resolver los problemas de la nada porque no logra hacer conexiones múltiples a diferentes velocidades sino que se dedica a juntar diferencias. Considero que poco peso tiene la intención del escritor o si hay o no un devenir escritor, porque la literatura borgesiana permite por lo menos un devenir lector, que es a su vez un devenir animal de lo humano.

No encontramos en El Manual de zoología fantástica una manera concreta de definir lo humano, aunque constantemente se le atribuyen características humanas a los animales fantásticos no es algo totalmente definitivo, porque así como vemos que hay animales horrorosos también los hay armónicos. Tampoco hay definiciones muy concretas de lo animal; por este motivo en Borges podemos encontrar una desterritorialización de lo animal y lo humano, esto es, un devenir mutuo que se multiplica, se bifurca. Este extrañamiento al que se enfrenta el lector rompe toda taxonomía previa acerca de la naturaleza,  con lo cual es posible empezar a ver el animal de otra manera. “Tanto animales como hombres tienen una conexión y además son partícipes, cada uno por su parte, de una forma única de cohabitar en el mundo, de contemplarlo, de modificarlo, cada uno de ellos se orienta y se sitúa en el mundo por medio de significaciones que le llevan a interpretar el entorno para poder habituarse a él de forma única” (Méndez, 2012: 47)  Los animales fantásticos y los reales están en el mismo nivel para producir el mismo efecto de cómo podemos ver la relación animal-humano.  Aunque no sea importante llegar ni siquiera a una nueva definición de lo uno y de lo otro, siempre estará presente el umbral de la relación que es risomático, que no se resuelve en sentido dialéctico, que no llega a ninguna síntesis. Justamente esto es lo que saca de la represión a la virtualidad constante que somos todos los cuerpos como hacceidades gracias a la literatura de ficción.

La literatura propone un modelo, a menudo tan horrendo como el de la historia pero siempre más perfecto porque es imaginario y tiene, por su naturaleza ficcional, la capacidad de establecer un desvío irónico o paródico respecto de la experiencia. Frente al desorden de los hechos, la invención responde no con un espejo del mundo sino con una idea del mundo: avanza apartándose de la empiria. Beatriz Sarlo, Borges, un escritor en las orillas♦.

 

BIBLIOGRAFIA

  1. —BORGES, Jorge Luis y GUERRERO, MARGARITA (1999): Manual de zoología fantástica (1ª ed. 1957), México: Fondo de Cultura Económica.
  1. Ángel Méndez, Miguel. Un acercamiento al animal del bestiario borgesiano a partir de las consideraciones de Gilles Deleuze. En Filosofía, literatura y animalidad. Universidad Autónoma del Estado de México, 2012.

Foto Simoné

 

Simoné Gil es estudiante de Filosofía de la universidad de los Andes con gran interés en el lenguaje corporal y escrito.  Nueva escritora para IC desde junio de 2015.

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