Recordando a Guillermo Cano

Todos los que crecimos en Colombia en los años noventa, sufrimos la violencia en todas sus capas. Veíamos noticieros en los que los militares descargaban de helicópteros cuerpos y más cuerpos de jóvenes asesinados en combate, veíamos miles de personas abandonando sus casas, sus vidas para acrecentar la miseria en las ciudades. Y para los que teníamos la fortuna de vivir en ciudades –pues en Colombia siempre ha sido menos peligroso vivir en ciudades- debíamos ver en cada semáforo niños en harapos vendiendo dulces, familias tiradas en el cemento, descalzas, hambrientas.

El miedo que recorría nuestra generación, que era un miedo hijo de otros miedos de otras generaciones, no nos permitía jugar tranquilos en los parques, salir de noche, tomar un taxi, conocer gente que no fuera de nuestro círculo cercano, y así sucesivamente miedos que se convierten en otros miedos ad infinitum.

Quisiera decir que esa era la Colombia de los noventa pero sigue siendo la misma, ya no están los “malos” de esa época, los supuestos hacedores de nuestro conflicto; Pablito, los Castaño o Marulanda….ya sabemos que no son las personas sino los ecosistemas, las estructuras, la corrupción, la horrible desigualdad la que engendra ese conflicto que tratamos de acabar.

Hoy quería recordar a Guillermo Cano, pues no solo fue un ejemplo de un periodista comprometido con el fin más bello de este oficio, sino que se atrevió a hacerlo en una de las eras más oscuras del conflicto.  Su asesinato fue la bofetada del totalitarismo, de la indignidad a la que llego un país de hijos vergonzantes.

En 1997 la UNESCO creo el premio Guillermo Cano a periodistas, un premio que reconoce el trabajo de periodistas que trabajan en pro de los derechos humanos alrededor del mundo, periodistas como Lydia Cacho en México, Ahmad Zeidabadi en Iran,  Khadija Ismayilova en Azerbaijan. La lista ha sido larga, porque es larga la lucha por el respeto a la libertad de prensa y sigue teniendo una gran vigencia, mientras haya injusticias habrán seres humanos que las denuncien.

En su última editorial Cano escribió:

Así como hay fenómenos que compulsan el desaliento y la desesperanza, no vacilo un instante en señalar que el talante colombiano será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera.

Hoy en el día mundial de la libertad de prensa quería recordar a Cano, un ejemplo de alguien que nos recuerda, las cosas que deben cambiar.♦

“Los asesinos esperaron a que el hiciera un giro en U en la Avenida del Espectador, poco después de las 19:00. Uno de los maleantes se acercó rápidamente a la camioneta familiar que conducía Cano y le disparó en ocho ocasiones al pecho con una ametralladora.”

Diego Aretz es fundador y editor de Interference Channel.

 

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