¿Y si no se hubieran quemado?

1911. Marzo. La empresa Triangle Shirtwaist Company cuenta con casi medio millar de inmigrantes, personas que llegaron a New York como mano de obra con la esperanza de una vida estable fundada en el trabajo y la familia: el sueño americano.

Es sábado. La jornada laboral está por terminar. En los cestos llenos de tela empieza a salir humo y un fuego hambriento devora todo a su paso. Las alarmas suenan tarde o no lo hacen, las salidas de emergencia están bloqueadas para evitar cualquier intento de escape del trabajo. Hay quienes logran huir, de resto, el humo deja inconsciente a un grupo de cuerpos que se cocen hasta convertirse en carbón; quizá no sufrieron, ya eran cadáveres cuando el incendio las consumió.

Este desastre apenas sería recordado de no ser por un detalle: hubo 123 víctimas mortales, todas ellas mujeres, inmigrantes italianas y judías, trabajadoras de clase baja norteamericana. Ese accidente se convirtió en la punta de lanza de la lucha por los Derechos de la Mujer en su rol como ser humano y como trabajadora.

 

Cuerpos de las mujeres víctimas del incendio de 1911. (Imagen: http://chrismielost.blogspot.com.co/2011/03/historia-del-dia-internacional-de-la.html)

Pero, ¿y si no se hubieran quemado? Durante años pidieron un mejor trato y una consideración real en los temas de mayor interés: política, dinero, trabajo y negocios, ¿pero qué obtuvieron? Reconocimiento de su condición, “sí, están mal, no es aceptable vivir así”, “tranquilas, juntos construiremos un mundo equitativo”. Las frases fueron espaldarazos y nada más, palabras sin intención, vacío sobre vacío. La sangre de las 123 se evaporó sin lograr algo en verdad significativo.

Su lucha sigue: hacen más pero ganan menos, aportan tanto esfuerzo como los hombres pero tienen menos oportunidades de acceder a cargos gerenciales. Ganaron la pelea por la reducción de su horario laboral, pero ahora trabajan más, obtuvieron el derecho al voto, pero las elecciones parecen arregladas desde siempre. En general, son un objeto alrededor del planeta, incluso la ropa es un estigma que las vuelve débiles, no hay nada tan peligroso como caminar con una falda a solas, de noche por una calle oscura.

Se les viola, empala o remueve el clítoris sin mayor problema. ¿Dónde quedan los restos de esas ablaciones? ¿En qué restaurante se sirven esas piezas de carne? Somos una sociedad caníbal que odia lo que come, pero no puede resistirse a ese manjar, lo devora hasta dejar solo las sobras. Para nosotros, una mujer es un objeto remplazable, una raja donde metemos nuestros falos.

¿En qué receta podemos encontrar la cantidad de sangre requerida para generar un cambio verdadero? ¿Cuántas faltan por morir para cambiar nuestra forma de pensar? Quizá podamos ofrecer a nuestras madres como sacrificio, al fin y al cabo, también son mujeres.

Incluso quien escribe este artículo es un hombre que ha odiado y maltratado, quizá pase todos sus días a la búsqueda de la redención, pero no puede deshacer el camino recorrido, se sabe culpable de sus crímenes. Lo lamenta, pero intenta hacer algo más allá de esconderse entre sus quejas, así no sea fácil.

Esta es solo una opinión, ¡qué lástima que no pueda ir más allá y ser una solución aplicable!

Este texto es para todas ustedes, mujeres. El camino no es fácil, ¡pero ustedes son las más valientes!♦

 

@Milliares

 

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