Y dice el viejo refran: “A la mujer no se la toca…”

 

Para iniciar esta columna suelo basarme en un hecho vigente pues no hay nada más extraordinario que la realidad misma. Especialmente hablando del diario vivir de muchas  mujeres. Creo que hablar de feminismo es, en últimas, hablar de relaciones humanas y cómo establecerlas en términos de equilibrio.

Como esta columna ha estado retrasada, haré mención a un hecho pasado hace tal vez un mes: La discusión de pareja entre Eileen Moreno y Alejandro García que terminó en golpiza e incapacidad de la actriz y el show mediático que se desató al respecto. Durante el tiempo que esto duró se escucharon todo tipo de opiniones, muchas apoyando a la actriz y pidiendo que cese el maltrato a nuestro género, pero también algunas en contra de ella, indicando que “se hacía la víctima al señalar públicamente a su novio, manipulando la situación y deteriorando su imagen pública”.

Y es así como frente a un mismo hecho que debiera ser inobjetable como es el no ser violento, empiezan a aparecer todas las ideas que la sociedad guarda al respecto, sobre todo aquellas que justifican la violencia al que nos intimida, incluso a pesar de que este se encuentre en aparente desigualdad de condiciones. Si por casualidad alguien ha seguido este caso de cerca encontrará en las opiniones de la gente una radiografía social sobre las excusas por medio de las cuales la gente cree que es necesario ser violento contra el otro, ya sea verbal, física o mentalmente y es este el punto al que quiero referirme en este artículo aprovechando este incidente de la farándula criolla.

Reitero con este escrito mi intención de promover el feminismo con el propósito de reflexionar sobre nuestra relación entre géneros, sobre el cómo relacionarnos en términos justos, en términos de equidad; desmitificando la creencia de que el feminismo sea un movimiento que acumula beneficios a las mujeres que más alegan. Muchos piensan que el feminismo es una actitud extrema de mujeres amargadas y/o resentidas que toman este movimiento como escudo para imponerse sobre los hombres, pero independiente de las acusaciones de ella hacia él y de la violencia de él hacia ella, lo que esto evidencia es que nos cuesta relacionarnos con respeto hacia el otro.

No sabemos vivir en pareja y en extensión, nos cuesta vivir en sociedad.  Llegamos a adultos siendo incapaces de mantener un equilibrio mental para relacionarnos y al no saber cómo hacerlo, destruímos al otro a través de la violencia, exponiendo de modo diverso el método a emplear.   Contextualizo que este hecho se da en una pareja de actores, dos personas que con seguridad  accedieron a educación superior, que cuentan con ingresos considerables y con una buena imagen a mantener. Es decir, no puede decirse que se trata de un hecho aislado entre personas cuyas condiciones personales les empujan a la violencia.

Sin embargo, me pregunto para que cada uno responda internamente, ¿Solucionamos nuestros problemas o solo alimentamos nuestro ego? Esta pequeña muestra, que es un fiel reflejo del nivel de permeabilidad o permisividad que le damos a actos violentos, nos muestra que para evitar feminicidios, para cesar los ataques físicos, los golpes y todo aquello que como sociedad nos escandaliza se haga a una mujer debemos cambiar el chip, y pensar qué tan tolerantes somos a resolver nuestros conflictos imponiéndonos sobre el otro.

Por último, hago cuña para promover el festival que anualmente María Alejandra Borrero realiza alrededor del día universal del no maltrato a la mujer, el 25 de noviembre.  Propongo que todos, mujeres y hombres nos tratemos bien. No nos maltratemos “ni con el pétalo de una rosa”♦.

 

 

Paola Rubiano.

– Feminista -.

 

 

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