Venezolanos, atletas de la supervivencia.

Conozco gente brillante, e inclusive muchas de esas personas son parte de mi familia entre
consanguínea y esos otros hermanos y hermanas de otros padres que andan sueltos por el mundo,
en una de esas conversaciones anodinas entre semáforos, un primo me dispara una pregunta de
esas que te descolocan hasta que digieres lo dicho para traducirlo a una escala que te permita
preguntarte qué hay tras de esa inquisitoria disparatada, el primo suelta a boca jarro, ¿sabes por qué los mejores corredores del mundo son africanos?, tocaba responderle a pesar de que cinco segundos atrás comentábamos los desaciertos pedagógicos de la educación actual, respiro profundo y me lanzo al vacío de la respuesta más lógica para mi conocimiento, dije sinceramente que no tenía ni idea de la razón para que los afro habitantes, no vaya a ser que me censuren por hablar de su tono de piel, desde que en Venezuela existe el delito de “corrupción espiritual” vivo muy asustado, ¿Se imaginan que caiga en boca de un juez y éste descubra que no voy a misa desde la confirmación, que he estado en bares, que soy padre soltero, peor, jamás me he casado (ni lo haré) y que he salido con más de una docena de damas desde que tengo uso de razón?, solo con eso soy fácil reo de corrupción espiritual , si digo algo políticamente (más) incorrecto es factible que pueda desgraciarme la vida y eso no está en mis planes .
Luego de que emitiese una sonrisa maléfica el hombre a su vez me responde, ¡Porque han pasado toda su vida pasando trabajo! , están genéticamente constituidos para correr al primer impulso pues las guerras no les son extrañas, tal como nosotros pasan hambre a pesar de tener empleos, los negocios turbios (desde el mercado negro de cosas que aun acá se encuentran en los
bodegones hasta la trata de esclavos, blancas o de órganos) son la medida de la supervivencia y
entonces, además, algunos entienden que esforzarse al máximo quizás los saque del infierno para saborear un poco del cielo del primer mundo donde , en comparación con sus vidas la existencia de los pobres equivale a la de cualquier clase media acomodado de su barrio originario, acto seguido surge el inevitable comentario sobre el paralelismo venezolano actual, entonces no es casual esa nueva camada de atletas de altísimo nivel ganando y viviendo en el primer mundo donde los países receptores fácilmente les ofrecerían hasta la ciudadanía para que compitiese por la nación anfitriona, los beisbolistas de alto vuelo, ingenieros, médicos, periodistas, maestras, profesores y toda una inmensa multitud de profesionales de primer orden que están luciéndose en el extranjero, son muchos pero no tantos como para lograr este desierto intelectual en el que vive mi país, donde cualquier ignaro personajillo ostenta un título universitario emitido por alguna universidad de dudosa reputación pero de altísimo nivel patriotero.
Luego de la conmoción por el hallazgo de un detalle que parece flotar en el aire pero que nadie se atreve a verbalizar, es que estos veinte años de tragedia continuada por el posterior
endurecimiento de las condiciones de vida para los que quedamos acá ha logrado generaciones de
atletas de alto rendimiento producto del eterno entrenamiento al que están sometidos sólo por el
hecho de querer seguir vivos, claro, estas destrezas son funcionales dependiendo de las
aspiraciones y el entorno del atleta de la supervivencia pues no todos tienen cerebros con más funcionalidad que la otorgada por sus instintos primarios cuya naturaleza los obliga a obviar elegancia alguna en sus métodos ni razonamiento lógico para pensar más allá de lo
extremadamente simple como lo es la violencia y la maldad, sin embargo los buenos somos más y
hay millones de seres haciendo un esfuerzo sobrehumano para sobrevivir con cierto decoro, desde viajantes de horario laboral que pasan más tiempo en el transporte público que en sus casas,
estudiantes esforzados, genios informáticos autodidactas, artistas muy ocupados en dar la espalda al abominable estándar artístico del estado, protectores de animales, científicos, médicos, comerciantes y emprendedores que en medio del caos logran sortearlo con la esperanza de sobrevivir de forma medianamente digna en la imposible situación nacional.
Este fenómeno ocasionará que cuando todo pase o a pesar de ello, la fuerza descomunal de
millones trabajando con las mejores condiciones, universidades dotadas de personal, sueldo y
recursos del primer mundo, profesionales bien pagados, salarios equivalentes a la cantidad de
preparación y aptitudes del individuo, gentes felices de descubrir que la cosa al final es más que
simple dedicación un poquito más allá del mínimo pero producto del máximo esfuerzo profesional no va a poder ser detenida por nada ni nadie, atropellará a las piaras de malvados que se empeñan en destruir por codicia disfrazada de ideología, se encomiará el esfuerzo intelectual
como mecanismo básico para lograr una vida cómoda , si eres obrero de por vida es asunto de
ceguera no de recursos para acceder a una mejor situación, dejando la maldad socialmente
aceptada o reduciéndola al incómodo pero no grave desliz de amoríos extramaritales, borracheras ocasionales, drogadicciones felices, burdeles para los muy solitarios en vez de esta mezcla tan rara de todos los anteriores con violencia como medida de “normalidad”.
En fin, presumimos que es bastante factible que toda esta situación de inframundo inducido por
los comunistas con aspiraciones altamente capitalistas sea arrollado y desterrado hasta de los libros de historia por esta generación de atletas de la supervivencia que a pesar de todo no
abandonarán sus buenas costumbres y que luego de tanta fortaleza obtenida del ejercicio
agotador de no claudicar ante la realidad lograrán acabar de raíz toda la barbarie inoculada por los muy revolucionarios adalides del totalitarismo comunista, éste donde todos somos iguales pero donde ellos son más iguales que (nos)otros.

José Ramón Briceño, 2019

@plurifotos

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