En esta cuarentena, ¡Quédate en casa!




Con este anuncio y la incertidumbre como sentimiento constante a partir del 19 de marzo pasado, nos levantamos los bogotanos afrontando esta necesaria medida. Ese descanso inesperado despertó múltiples emociones entre la gente, de acuerdo a sus expectativas frente al quedarse en casa.

Una de ellas es el terror. No hablo solo de miedo o de tedio constante por no poder salir, hablo del angustioso estado que viven las personas que sufren de maltrato en sus casas, especialmente las mujeres. Una sensación que se acentúa en estos tiempos donde el alcance del Estado es carente de capacidades y sentidos (Es cojo y ciego sordomudo), y donde el confinamiento significa convivir con el verdugo en una pesadilla constante.

Hablar de feminismo para parte de la sociedad, es iniciar un debate eterno en el que las mujeres han hecho demasiado o poco para liberarse, debate parecido a hablar de política, religión o fútbol, y es muy fácil trivializarlo. Tampoco es fácil hacer ver que situaciones de maltrato son posibles gracias a que la sociedad crea un caldo de cultivo con la receta perfecta para permitirlo y perpetuarlo. Es casi un cliché escuchar por ahí que “si a una vieja la cascan es porque le gusta”. “Si se deja es porque quiere”, sin embargo pocos conocen la complejidad psicológica que guarda una persona maltratada de cualquier género (1).

Así que me permitiré hablarles de ellas. ¿Quién es una víctima de maltrato?, ¿Qué la caracteriza?, ¿Por qué le cuesta reaccionar y permanece casi que inmóvil a lo que le pasa? Empecemos por el principio. Una víctima de maltrato puede ser cualquiera de nosotros (El maltrato y el virus no sufren de xenofobia). Sin embargo tienen un rasgos en común inconfundible: son personas sobre las que alguien ejerce poder. Y ese poder tiene diferentes grados de incidencia y manifestación, yendo en escala desde la indiferencia, la manipulación, la humillación, los golpes, hasta el asesinato. Las caracteriza el sentimiento de inseguridad, de introspección, de intranquilidad, de vivir en permanente estado de alerta frente a las posibles actitudes de su victimario. Pueden llegar a sufrir problemas psicológicos, como depresión o ansiedad, que a su vez se ve manifestado en otras actitudes.

Algunas, no todas, dependiendo del grado de maltrato que sufran, pueden permanecer inermes ante su situación. Si su grado de maltrato no ha invadido su psique, encontrará los modos de defenderse, de hacer valer su autonomía o de buscar medios para alejarse, para recibir la solidaridad de su red de apoyo, que puede tener en el trabajo, en su universidad, con amigas, con feministas o con otros familiares.

Sin embargo, la cuarentena nos insta a estar en casa.

Me explico: pasar por una situación de maltrato no es solo aguantarse la mala actitud de alguien, es pasar por un complejo estado de deterioro emocional y psicológico, y esto en sí mismo ya es una situación alarmante en la que la salida suele estar en espacios externos. Verse en la necesidad de permanecer en casa significa exponerse a este daño, aumentando las posibilidades de que el control y el poder del victimario se potencien al encontrarse en un espacio limitado a su merced, y acelerando la destrucción de la autoestima, el sentido de alerta y autoconfianza de la víctima.

Dicho de este modo, pareciera que hablamos de los componentes del guión de una película de terror o suspenso, pero no. Son los factores de la realidad de muchas. Y su aumento es aún más escabroso. Para 2017, el Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública SIVIGILA, (2) había registrado un total de 98.999 casos de violencia de género e intrafamiliar a lo largo del año. Para 2019, entre enero y octubre la cifra ya era muy similar a la de este año (98.583 mujeres, contando sólo los casos de violencia a la mujer, sin incluir los casos de violencia de género que sí tienen los datos de 2017) (3). Durante la cuarentena el porcentaje de llamadas aumentó sustancialmente. Para el 11 de marzo, por ejemplo, se habían reportado un total de 86 llamadas. El 29 de este mismo mes y día 10 de la cuarentena, la cifra era de 156. Un aumento que llega casi al 100%, esto para la línea 123. (4).

Lo paradójico es que como sociedad hacemos de esta pesadilla una realidad gracias a los patrones de pensamiento impuestos por el patriarcado. Como lo mencionaba anteriormente, fermentamos un caldo de cultivo en el que el machismo, la educación y la publicidad crean el imaginario de las mujeres como seres receptivos y pasivos, mientras se orienta a los hombres a la dualidad de la conquista o la derrota, para que “sea varón y no se la deje montar de nadie si no quiere ser un marica”. En este tipo de educación que no es precisamente la que se imparte en los colegios, sino la que como sociedad ofrecemos a nuestros ciudadanos, la que llevamos en el adn y lentamente modificamos de generación en generación, no se enseña de inteligencia emocional, no se enseña a identificar ni a manejar las emociones a los hombres y tampoco se enseña a las mujeres a ser asertivas en su relación consigo mismas. No se las enseña a reconocer el maltrato porque ya está normalizado y viene repitiéndose de múltiples maneras durante toda su vida, aunque con más o menos violencia dependiendo del emisor. Por ejemplo, algo muy sutil: Si durante la infancia – adolescencia los papás o amigos de una mujer le dijeron: ¡Oiga, muévase!, ¡Usted si es lenta!, no le parecerá extraño que en su adultez su pareja le diga: ¡Usted parece bruta o se hace!. Le parecerá que es así, que “es lo normal”.

Como decía Catalina Ruiz, a las mujeres no se las enseña a defenderse. “¿Cuándo vemos en las noticias que una pandilla de chicas salió a cortar los penes de los hombres que las atacaban? (5). Y no digo que pensemos hacerlo, sino que no se nos vende la idea que “el ataque a nuestros cuerpos es una deuda de honor que debe ser limpiada con sangre”, como pasaba hace 40 u 80 años. Hace 15 años recuerdo haber preguntado en una papelería de gran formato un libro muy popular en su tiempo. Se llamaba: Juventud en éxtasis, y hablaba sobre los beneficios de mantener el celibato hasta el matrimonio, promoviendo la monogamia en los hombres. Su autor era un hombre y le hablaba específicamente a los hombres. Como todo libro de autoayuda, buscaba que el lector obtuviera paz interior. Le pregunté a un asesor de la tienda que cómo le parecía el mensaje del libro y él me respondió: ¡Ah!, “ese es un libro para niñas”.

Desde el feminismo buscamos derrocar al patriarcado y creo que el primer paso para ello es entendernos como personas; con inteligencias, logros, frustraciones y preocupaciones que son sufridas y superadas de modos muy similares por hombres y mujeres más allá del género. A mí me educaron para creer que un mundo en el que las mujeres tuvieran acceso al poder sería un mundo equitativo y pacífico. Más justo.

Así que hago un par de invitaciones: A la sociedad, a no juzgar la situación de las mujeres maltratadas, incluso si no quisieran alejarse del maltratador. Una persona con baja autoestima ve a su maltratador como la única persona que puede quererla. El único que le ofrece mantener una relación con ella, por lo que no es exitoso decirle simplemente que coja sus maletas o que lo denuncie, además de quedar usted como el verdugo que está quitándole su única fuente de afecto, aunque este sea falso. Si realmente quiere ayudar a esta persona dele valía. Hágala sentir aceptada, útil y capaz, y proporciónele acceso a redes de apoyo especializadas, como la línea púrpura o un colectivo feminista.

Mi invitación a los hombres que lean este artículo es a identificar a ese conquistador – invasor que llevan dentro y a irlo desmontando, hasta llegar al ser humano que necesitamos para que juntos hagamos posible ese mundo que queremos. Hoy esto es una utopía, pero sé que con cada palabra, con cada lucha, esto será posible.

Paola Rubiano.

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1. Esto para las personas que dicen que a los hombres también los maltratan y que esto no se reconoce.

2. Datos sacados del informe: Sala situacional Mujeres víctimas de violencia de género, emitido por el Ministerio de Salud y Protección social y la Oficina de Promoción social para 2018.
https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/DE/PS/sala-situacion-violencia-genero.pdf

3. Artículo de la radio nacional de colombia del 31 de marzo de 2020.
https://www.radionacional.co/noticias/actualidad/violencia-intrafamiliar-cuarentena-lienas-atencion

4. Artículo: Más de 1.600 denuncias por violencia a la mujer en la línea 123 durante cuarentena. RCN Radio del 2 de abril de 2020.
https://www.rcnradio.com/bogota/mas-de-1600-denuncias-por-violencia-la-mujer-en-la-linea-123-durante-cuarentena

5. Ruiz Navarro, Catalina. Las mujeres que luchan se encuentran. Penguim Random House. Bogotá, 2019. Primera edición. Pg. 259.

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