Licencia para Odiar.




A través del mundo desde el 2016 los gobiernos y movimientos políticos, apelando a la xenofobia, han tenido un surgimiento importante en casi todos los países democráticos. En UK la campaña anti-migración del Brexit fue efectiva en el 2016. En el 2019, el Brexit Party ganó una mayoría en el parlamento europeo y Boris Johnson, en coalición con este partido de xenófobos y islamófobos, se reafirmó con una mayoría conservadora, mucho mayor que la que puso Theresa May un par de años antes. En España el partido anti-migración Vox es la tercera potencia electoral y parlamentaria; en EEUU está Trump en el poder y en América Latina, Iván Duque, Jair Bolsonaro, AMLO, y Piñera, lideran coaliciones que incluyen sectores cristianos y católicos radicales que han llegado al poder, sin hablar del golpe de estado en Bolivia y el crecimiento electoral de los conservadores en Alemania, Canadá, y el este de Europa. Este fenómeno político responde a un efecto dominó donde país por país las ideas más marginalizadas se vuelven aceptadas por el común.


La resistencia al progreso es una constante que se ve desde tiempos inmemoriales. En la historia bíblica, en el libro del Génesis, podemos leer la historia de Sodoma y Gomorra. Se dice que Dios condenó a muerte a todos los habitantes de estas ciudades por aceptar “actos inmorales”, que intérpretes de la biblia han aceptado como comportamientos homosexuales o polígamos. Aunque siempre han existido sectores que razonan y explican por qué “x” grupo tiene que ser discriminado para el mejoramiento de la sociedad, empezando por el mismo Platón quien defendía que la gente con discapacidad tuviera menos derechos, como el derecho reproductivo.

Sin embargo los filósofos liberales al introducir los derechos individuales rechazaron este tipo de propuestas. Por siglos el énfasis en proteger a los grupos marginalizados ha sido mucho mayor que la fuerza de aquellos que buscan su eliminación, esto responde a patrones de eventos electorales en las grandes potencias del mundo, empezando por la elección de Barack Obama como el primer presidente Afroamericano de EEUU en el 2008. Desde esta victoria se ve cómo una ola de gobiernos liberales fomenta las libertades individuales se fortalecen a lo largo del mundo. Desde esta victoria se ve una ola de gobiernos liberales y las libertades individuales se fortalecen a lo largo del mundo. En el 2013 Justin Trudeau llegó al gobierno, y Jagmeet Singh se vuelve la primera persona no blanca en volverse líder de un partido con fuerza electoral significante en Canadá, también gobiernos como el de Juan Manuel Santos en Colombia y Evo Morales en Bolivia siguieron la línea en temas de derechos de minorías.

Sin embargo esa hegemonía liberal en el mundo intelectual que empezó con John Locke y Jean Jacques Rousseau en los 1600 y 1700 podemos decir que se  acabó. Los pensamientos de libertad religiosa se acercan a la inexistencia en muchos países desarrollados, como Filipinas, y hay una guerra permanente de parte del gobierno contra ellos en países como Brasil y EEUU. La licencia para odiar que por siglos fue negada a todos, y vista como señal de la barbarie, ahora se magnifica por el megáfono que es esta crisis del coronavirus, y demócratas que antes defendían la pluralidad en todos los países de occidente hoy llaman peligro al migrante y al pobre.  Mientras antes se veía como héroes a los médicos ahora se amenaza a sus familias y los tratan de desalojar, y los grupos que en los 70’s se reunían a protestar en los funerales de las víctimas del SIDA y tenían poco más de 50 o 40 miembros, hoy se organizan y tienen la fuerza para tumbar presidentes y poner gobiernos. Amanecerá y veremos si en una nueva batalla entre la intolerancia y la fraternidad, la licencia para odiar desaparecerá, o la hegemonía del pensamiento liberal se fue y veremos el renacer de un nuevo pensamiento académico, más autoritario, con más seguridad y menos minorías.

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