DISQUISICIONES EN EL VACÍO DE LA SIN CULTURA DE UN GOBIERNO


El Gobierno Nacional presentó un proyecto de ley al Congreso de la República que fue aprobado como norma legal para la vigencia fiscal 2020. Este incluyó una apropiación presupuestal para el Sector Cultura del nivel nación por un monto máximo de $343.236 millones de pesos, para atender la Cultura de cincuenta millones de colombianos; esto es, unos seis mil ochocientos sesenta y cinco pesos por persona al año; igual también a decir unos 19 pesos diarios…

¡Una miseria!

¡Ah!… pero sin contar con que el 58% del total están apropiados para atender gastos de funcionamiento, es decir, servicios personales de la nómina administrativa y gastos generales. Para inversión en cultura quedan solo $144.558 millones de pesos (unos $2.891 por persona al año, o unos $8 al día).

¡Horror, exclamaría cualquier divino poeta! ¡Trágico, gritaría rasgándose las vestiduras un teatrero o músico vernáculo, y con mayor indignación si fuere foráneo!

El país en el que lo común es adorar a falsos profetas mesiánicos; en el que el arte y la ciencia, el proceso de conocimiento por vía de la educación y la estética son rechazados por poderosas minorías dominantes y sus mercenarios son seres sedientos de sangre y poder etéreo; en donde la ética y las buenas maneras, de cualquier cuño, se desechan por no producir réditos ni preeminencia; está confinado por unas políticas económicas, sociales, culturales y ambientales que no consultan las lógicas de otras latitudes, por cuanto no es viable la imitación que hace un gobernante con características impropias para el cargo de quienes sí gobiernan, (aunque mal lo hagan), en países de alto desarrollo y profundas convicciones de sus valías ancestrales y sin avergonzamientos impresentables de sus tradiciones y culturas, que a ojos de la llamada posmodernidad capitalista de casino aparecen para las castas descastadas de la oligarquía de mula y carriel, fincas inmensas y caballos de paso, además de miles de cabezas de ganado; como no necesarias para un pueblo que debería dedicarse más a trabajar que a holgazanear con músicos, teatreros, escultores, bailarines, poetas y escritores, arquitectos y cineastas, pintores de la realidad triste e insomne de nuestra tierra.

La Cultura es todo. La Cultura no se reduce al agro, a la Cultura de la tierra, de los paisajes de montañas, llanos, valles y lagunas, ríos y mares, ciénagas y páramos, volcanes y nevados, músicas de todos los climas y altitudes; incluye todos los pasos, formas y ritmos de concebir el cosmos local y universal, de inventar los dioses y las pasiones, los colores y los sabores; de crear los medios y los artilugios, las artimañas para ganarle al universo los medios de subsistir, los materiales y los espirituales, los inmateriales y los tangibles; la Cultura es la forma de arañar a la naturaleza sus íntimos secretos: la física y la química, la biología y la antropología, la etología y la zoología, la sicología, la sociología, la economía, el derecho y la política… La Cultura se halla en la condición humana y, como ella, cambia, evoluciona, se transforma, se perfecciona, mejora con el tiempo, se inventa y se reinicia cada día y cada año y cada milenio, hasta el fin del tiempo y del mundo.

No existe pueblo sin Cultura; los pueblos son la expresión, históricamente, del nivel cultural alcanzado por la sociedad humana; por este homo sapiens que puede recordar, discernir, entender, aprender, conocer, preguntar, auscultar, curiosear, esculcar, escudriñar, descubrir, inventar, diseñar, soñar, planificar, programar y adelantarse al tiempo… Crear, es mi definición de la Cultura.

Si nuestro estado precario, con tan escasa legitimidad, de manos de quienes lo traicionan y desangran, que no disciernen entre lo necesario y lo impropio; no se atreve a invertir en la Cultura de nuestro pueblo, en nuestro desarrollo social y humano, más de lo que gasta en burocracias bizantinas y pretenciosas, en armas y aviones supersónicos veintejulieros, cual imitadores baratos e intimidantes del Zeus tonante, más temprano que tarde cosecharán el fruto de su desidia y abandono.

¡Oh, divino Dante! Líbranos del nuevo Caronte que intenta conducirnos en contra de nuestra voluntad a la otra orilla, sórdida y desgraciada del Aqueronte, donde mora Can Cerbero para adentrarnos a la fuerza en el Hades de oscuridad y miseria de los espíritus muertos que no necesitan la fuerza del intelecto, las artes, las ciencias y de la Cultura, que es el todo de la especie a la que pertenezco.

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