Elogio a los poetas

Foto de archivo.


Ser poeta nunca ha sido tan símbolo de valentía como en estos días, para ellos hasta las cosas menos amables que puedan suceder son sujetos de estudio, los hay que incluso hacen millones con sus tragedias, que muchos bailan pues están disfrazadas como canciones. Es que hay que ser valiente para que en este mundo, donde las asperezas son parte de la norma, donde valoramos más la “realidad” de las cosas tal como vienen, donde los eufemismos son menos comunes entre los de a pie (la inmensa mayoría), que miran al mundo desde una óptica que pretendiendo ser científica más parece una coraza en contra del descubrimiento constante y que nos deja desnudos ante nuestra ignorancia, pues muchos hasta derriban todo el conocimiento anterior, obligando a replantear el universo que lo circunda hasta hacerlo ininteligible, haciendo siempre más cómoda la vida con la pragmática funcional del mundo “normal”.

En el universo del reguetón y demás ritmos populares, la vulgaridad como forma de vida es la norma. En ese ambiente todos saben quién es el actor más famoso, sin embargo no les interesa saber del Nobel de literatura. Las preferencias del mundo editorial saltan con cosas tan terriblemente cursis, recargadas y predecibles como las sagas de vampiros y hombres lobo, antes que haber leído tan siquiera un cuento de Borges. Señores que azotan lindas universitarias que cuan cenicientas a golpe de fusta aceptan cualquier cosa para ganar status disfrazado de felicidad. ¡Qué son unos latigazos amorosos cada semana, si gana andar en helicópteros, cien guardaespaldas y fortuna ilimitada?, esta realidad no parece más que un remake de la Historia de “O” (Pauline Reagé) de los años setenta y la buena fórmula de cenicienta de la nueva era, esa película sola se tiró al coleto cualquier teoría sobre las formas feminazis, millones de fanáticas validaron que las feminazis están locas pues la mayoría gana, esta mentalidad democrática que poseo siempre se debate entre creer que la mayoría hace la norma o todos estamos equivocados sin importar mucho del lado que milites.

En estos tiempos donde se supone que deberíamos ser la especie más sabia del planeta, todas las noticias de guerras desmienten el asunto; ni siquiera Wikipedia nos salva cuando en vez de enfocarnos en buscar la forma de vivir lo más felices posible, nos amargamos el paso de los años -que siempre son pocos- y hace de su extensión hacia la vejez la antesala del infierno, por lo que también la muerte debe ser algo esperado. Nadie se salva, todos mueren haciendo que su vida sea un accidente más sin importar cuan importantes pudieren haber sido alguna vez. Aquiles y su talón siguen vigentes cinco mil años más tarde, sin embargo no es el modelo de las mayorías. Quiero pensar que es por una deformación del homo sapiens antes de la era de la razón. Vivir de destripar gentes no debería ser oficio memorable en estos tiempos civilizados que queremos pensar como nuestro mundo modélico de falsedades dadas por verdades, cuando ser cómplice de alguna manera te hace hasta más prestigioso, siempre es mejor compañía un ministro que un poeta, eso al menos para muchos.

No importa cuánto me empeñe en verle el lado amable a las cosas, si cada mañana debo salir a la calle y ahogarme de a poco con boca y nariz cubierta por un tapabocas, es un horror contemporáneo. Parece que al mundo no le parece suficiente alarmarse con enfermedades, guerras, mortandades o epidemias varias; no hay besos, abrazos, hoteles o sexo sin que esto, que hasta hace apenas unos meses era una constante, ahora sean considerados, no solo actos de mal gusto, sino motivo de exacerbar y/o encender pasiones entre los aterrorizados humanos que pululan por ahí. Solamente en los núcleos familiares se permite la indecorosa costumbre de andar a cara destapada.

Como decía el poeta, el crucificado fue fusilado de manera sumaria. Ya veníamos arrastrando el ala de la contemporaneidad. Drogas (duras), pedofilia, asesinatos, pobreza, maldad al por mayor hasta de los que considerábamos los buenos; sida, ébola, socialismo, extremismos varios, violencias gratuitas, vulgaridad campante, ¡Y llegó el coronavirus!. Todavía no entiendo cómo un chino ocioso de tantos que han de existir, se comió un murciélago y tres años después es el culpable de millones de muertes. La pandemia abolió la normalidad para encerrarnos, llevándonos al borde de la quiebra y quien sabe cuántas desgracias más se suscitan mientras escribo estas líneas, todas derivadas directamente por el lento desplome de las economías, que jamás estuvieron diseñadas para la parálisis total.

Durante esta desproporción de cuarentenas globales; tanto que la norma ahora será acostumbrarse al ahogo de la máscara, que los besos sean riesgos calculados que a fuerza de instintos de quiénes saben que, sea preferible morirse ahogado antes que no permitir el liberador acto sexual, tanto mejor , la dulce condena de la cohabitación donde la mayoría de las veces el objeto del amor es el carcelero; ser feliz de alguna manera es un asunto de valentía, quien sabe si un mes después de aquella noche de amor, desenfrenadas como las que todo condenado comete ante la inminencia de algo definitivo, dejas de respirar luego de una larga agonía, todo por un deseo.

El año 2020, cuando arrastramos aun la cobija de la ineptitud humana de dos mil años estuvieron plenas de sangre y locuras de todos los tenores, se inventa la penicilina y los ADN menos favorecidos tienen por fin espacio para vivir aun en contra de las leyes naturales, quién sabe cuan podrido se ha vuelto el genoma, que luego de millones de años haciendo selección natural, permitiendo que solo los más fuertes sobrevivan y ahora, por razones de urbanidad que ni siquiera yo, fiel creyente de esta teoría sobre el mundo desquiciado por la involución genética causada por esta salud extendida de los humanos puedo aplaudir, esto de hacer siega de la cosecha humana por medio del coronavirus es una realidad patente. ¿A nadie le llama la atención que en los últimos ochenta años la maldad se haya desbordado?, siempre hubo destripadores considerados héroes a pesar de los ríos de sangre que ocasionaron con sus necedades, Gengis Khan por ejemplo, se dice que el 10% de los europeos actuales llevan marcas de su ADN. Son familiares lejanos, no porque el tipo fuese un amante refinado, era un violador en masa cuyo disfrute luego de la batalla era apuñalar hombres y violar a las mujeres, que ha de haber matado él solo a no menos de quinientos hombres de su mano, y ser responsable de millones de muertes más por su orden directa; un asesino en masa como este aún se nombra en los libros de historia, se le reverencia como el más grande conquistador , una disonancia implícita entre nuestra moral actual y la historia.

De aquellos escasos millones de humanos entrecruzándose, sobreviviendo apenas los más aptos, seguro definieron alguna suerte de incesto con millones de primos trayendo primos en eterna cadencia, solo quebrada por la muerte; imagino que al pasar el tercer billón de humanos reproduciéndose cuan bacterias, la variedad genética comenzó a hacer goteras. Hace unos días escuché a alguien insultar preguntando si sus padres eran primos hermanos, recordé que lo normal es que la diversidad genética es la única garantía de un mundo con humanos normales. Si hace cuatro billones de humanos atrás ya comenzamos todos a ser primos, la varianza genética ha sido reducida, por tanto no es nada raro la multiplicación de casos clínicos de locura recurrente, dejándonos en la duda de si eso es una excepción o es la norma, y en ese caso quedamos todos muy mal parados. Este traspiés que los avances de la medicina han adelantado hasta niveles de extinción, en alguna parte han de haber causado que alguien tomase cartas en el asunto, sigue ´presente la vilencia en todas partes pero con el virus hacen el mundo más invivible. ¡Caramba!, lo que el SIDA no pudo hacer, ahora llega el virus y nos lo quita todo, la condena es menos focalizada, puedes ser la virgen María y yo el prototípico san José, nadie sabe si sale vivo de aquel hotel de paso, con las otras uno hasta puede usar protección, pero sexo con mascarillas ha de ser algo infernal y ni así puedes salvarte, como si la locura en que ha devenido el mundo gracias a la (teórica) orgia perpetua que nos ha vuelto primos hermanos a casi todos, ha llegado la cura de parte de (digamos para no caer en la conspiranoia) un chino ocioso que come sopa de murciélago.

En este mundo donde lo más simple es volverse lacayo de la realidad al aceptar sin cortapisas ser llevado por ella sin resistirse a su influjo, esa determinación a ser esclavo de las circunstancias solo encuentra escudo en la evasión total, la mercadotecnia del humo que termina siendo una droga tan dura que ahoga cerebros que de manera voluntaria y feliz que busca la sumisión absoluta de las masas, siendo víctimas anónimas de su inútil vanidad que se va en rituales y costumbres para morirse de mengua siendo un autómata que cuan planta, da su vida para que otro tenga el poder; ser poeta, artista, músico, filósofo o escritor, quienes muchas veces han sido catalogados de vagos, son la gente más valiente de la historia. Defenderse de la realidad inventándose mundos enteros que van de lo sublime a lo terrible pero que en ningún caso son espejos fieles de su realidad, que liman las asperezas de la vida desde la luminosa cornisa de la inteligencia, los mal entendidos, los brillantes y hasta los equivocados (esos que se empeñan desde su ignorancia en hacerse ver como cultos), ante todos ellos me quito el sombrero. Todo mi respeto por fabricar refugios de bolsillo para este mundo empeñado en quitarnos hasta el amor.

José Ramón Briceño Diwan.

17/10/20

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