La Botella endemoniada.

Fotografía de Ramón Briceño.


José es un nombre absurdamente común en Latinoamérica, esta  es la historia de uno que vivió con la desoladora sensación que se perdió de algo. Según cuenta, cierta vez tuvo un accidente grave, saliendo de la ducha  tropezó con un cable que no estaba debidamente protegido, fue electrocutado de modo inmediato. Cuando despertó en la clínica el mundo era otro, a pesar de saber su nombre y apellido no reconocía esta vida, al pie de la cama estaba su hija quien hasta el instante del accidente vivía en otro país con su madre, acá no solo estaba risueña al pie de la cama, hablaba por teléfono con alguien de la universidad según el contexto que José pudo medio entender entre la conversa, la niña de sus ojos hablaba con alguien sobre una clase on-line para aprobar una tal materia, la joven voltea en medio de la conferencia telefónica para ver su padre que despierta, por lo que inmediatamente apaga el teléfono y luego de un largo regaño por el descuido paterno, le dice que esta noche se quedaría en el hospital para no tenga que volver  solo a casa, ella no podría cuidarlo porque le tocaban  clases vía zoom.

Con los ojos claros y sin vista (cuenta José) hizo lo que cualquier mortal del siglo XXI hace luego de desconectarse: pidió el teléfono que resultó ser el mismo iphone, pero del año; a pesar de que  en su memoria tenía un iphone 6 usado que una tía canadiense le había dado de regalo, redes sociales mediante supo algo sobre su vida, se googleó y descubrió su CV en linkedin, habían sido 16 años productivos, director de una cátedra de Literatura cannabica en la universidad más prestigiosa del país, colaboraba con distintas instituciones, seguía siendo un fotógrafo talentoso y además, escribía narrativa, siendo un personaje clave en la aprobación de una ley que permitía el libre consumo de cannabis en todas su presentaciones, lo que resultó en el primer tratado interamericano sobre el consumo de drogas blandas que incluía el uso medicinal de algunos hongos alucinógenos como tratamiento para distintas formas de depresión, lo que le valió el premio Príncipe de Asturias en el año 2016 por su aporte a la liberación intelectual latinoamericana. En ese instante tuvo un DejaVu, se vio a si mismo publicando un relato donde el personaje principal se electrocutaba en el instante mismo en que en otra parte del país, un ex compañero de Universidad (un tipo de apellido andino  Dixson Tovar) se consideraba redimido, lo sorprendente del cuento era que precisamente este personaje aparecía visitando al protagonista que por asunto de arquitectura ficcional, se había tomado a sí mismo como modelo porque es más sencillo, en la historia original, Dixson se aparecía en la puerta de la casa del ahora dado de alta para relatar una fabulosa historia sobre un deseo cumplido a un genio, ambos hombres intercambian información que terminan por procesar que un campo cuántico, causado por el flujo eléctrico del accidente aisló a José del deseo, aunque no lo expulsó tampoco le permite recordar lo que tuvo que haber hecho durante los quince años transcurridos entre el momento del deseo, que se suponía en años de la universidad hasta aquel preciso instante, la conclusión de los personajes fue que hubo un cambio dimensional, el José de esta dimensión ha sido intercambiado por el de la anterior, así se equilibran las cargas cósmicas, quien sabe cuál karma ha de pagar el que vivía tan feliz para irse a pelear con el espantoso socialismo del siglo XXI de aquella otra donde había crecido.

Según su historia, él se había inspirado en un cuento de Robert Louis Stevenson, el mismo de botellas mágicas habitadas por demonios que cumplían deseos bajo la maldición de perder el alma si no podía venderla por la mitad del precio con que la había adquirido. Era una pieza antigua y al protagonista de la epopeya le cuesta dios y su ayuda encontrar una moneda de menor valor que la usada para comprarla originalmente, la vendió a un fulano al que no le importaba ir al infierno y así se liberó de la felicidad de ver cumplidos todos sus deseos a cambio de su alma inmortal, aclaraba que lo sorprendente era que por una manía de viejo tenía en su casa una lata llena de viejas monedas venezolanas cuyo valor actual equivale a un millón de veces menos que un marco alemán de la (pre) segunda guerra mundial por lo que contempló la posibilidad de fusilar el marco ficcional de la historia pero en Venezuela, ante la impresión de estar viviendo su propia ficción, José se desmayó.

Horas más tarde es despertado por una voz cantarina que le da los buenos días, es su novia, igual a la de la dimensión anterior, solo que más radiante, acá no hay la mitad de las dificultades por lo que es una colega profesora que dirige un sistema de estudios superiores en algo llamado “Sismología histórica”. La noche del accidente había estado dictando una conferencia on-line y no se enteró de nada hasta esta mañana cuando mi hija le escribió, todo normal, traía un cargamento de dulces y hablaba de cualquier cosa mientras José la veía maravillado pero mudo ante la sensación de creerse un intruso en aquella vida.

Siguiendo con la historia, en esta dimensión también tenía un blog pero este estaba siendo seguido por miles de personas, no pudo resistirse a la tentación y allí publicó el cuento reconstruido, solo le agregó que en la otra dimensión, antes del accidente se estaba vistiendo para asistir a una reunión con un editor interesado en el tema, resulta que se había vuelto Trending Topic en Twitter, una comunidad de escritores de ciencia ficción había transformado el cuento en noticia al volverlo tendencia, un editor local, ávido de su tajada en el mercado editorial concertó una cita asomando un adelanto jugoso por concepto de ventas, resulta que el tal editor también tiene su par en esta nueva dimensión y se hizo la cita que podríamos pensar que fue la pospuesta por el accidente, sin embargo aquel no podría saberlo porqué sucedió en otra dimensión pero igual José disfrutaba la situación pues había decidido dejarse llevar, esto de tener una nueva oportunidad no es algo de todos los días, si era un sueño o una realidad eso sería material de una discusión muy diferente , luego de un café y tres cigarrillos, editor y escritor cerraron un trato que incluía una gira de medios como estrategia de marketing.

En la primera entrevista hizo como declaración que en realidad era un cuento reciclado cuya inspiración le vino desde el sueño de otra vida, esta frase despertó el morbo de otros medios menos escrupulosos y explotaron la veta paranormal del enunciado, en una lectura simple ubicaron los pasajes con los que construyeron un discurso desaforado, pero que en realidad era lo que José aseguraba haber pasado, una inconsistencia cuántica lo había salvado de la revolución, instantáneamente se había hecho famoso por reconstruir hechos imposibles que todos los lectores agradecían, en muy poco tiempo y sin la obligación del trabajo se había construido en un escritor de culto, narrador majestuoso de largos textos plenos de fantasías con espías dobles al servicio de su Majestad, muertos en Choroní a los noventa años, golpes de estado, ministros y generales narcotraficantes, presidentes corruptos y hasta la probabilidad de un estado totalitario en Venezuela, lo que para José era solo un ejercicio de historia para otros resultaba un ejercicio muy al estilo de los narradores del siglo XIX, aunque vivía en el mismo espacio geográfico, la Venezuela de esta dimensión era de lejos algo muy distinto a lo que conocía.

Cierta noche tocaron a su puerta, era una visita largamente esperada, era Dixson quien se apareció vestido con un traje que anunciaban la factura de un sastre italiano debido a su elegancia, llevaba una botella de whisky escocés en la mano izquierda  mientras extendía la derecha en señal de saludo, ambos hombres se midieron desde el fondo de su sorpresa, el primero por verse descubierto y el segundo por haberlo escrito aun antes que sucediera, el desconcierto les impidió hablar pero la cortesía pudo más que el estupor, José invitó a su amigo a pasar, aquella noche estaba solo, gustaba de mantenerse soltero para disfrutar un poco de calma, si bien amaba a la novia también quería tener tiempo a solas para poder lidiar con sus demonios, invitó al recién llegado a sentarse mientras buscaba en la cocina unos vasos con hielo para el licor, ninguno dijo nada hasta estar cómodo y haber tomado al menos un trago largo, la conversa sería una epopeya porque la discusión solo sería creíble para ellos dos, aun así, estando al frente de la evidencia de que en serio saltaron de dimensión, todo seguía igual por fuera de su entendimiento.

La historia de Dixson.

El relato de Dixson en realidad no contiene mayor sorpresa para José quien ya lo había imaginado mucho antes, los detalles dieron marco formal a la situación, en los años que siguieron a su abandono universitario (ambos habían sido compañeros en los semestres iniciales de la carrera de Literatura), el bachiller Tovar se muda a la frontera norte del país, se había hecho fiscal de tránsito para huir de la  pobreza, cinco años de universidad se hacían demasiado largos para poder huir de casa así que tomó el camino expedito para poder conseguir sobre sueldo a cambio de no molestar a los conductores de autobús, ellos pagaban y él se hacia la vista gorda, así fue su vida desde que se graduó y en los próximos quince años fueron un eterno sobresalto al aprender las normas para poder seguir buscando recursos como mantener a una esposa cada día más exigente, quien por asuntos inimaginables lo creía general y no el sargento que comandaba un puesto de vigilancia de tránsito en una carretera perdida a las márgenes del Orinoco.

Aquella noche, luego de aguantar tres horas de gritos por no poder comer carne en el almuerzo,  se fue hasta el puerto a beber para olvidar la pena por el futuro, desde muchacho, allá en Mérida soñaba con ser un gran empresario con toda clase de lujos que incluían una casa en la capital pero no en cualquier parte, él quería una en el Hatillo desde donde tendría una terraza para admirar la ciudad que se rinde a sus pies, quería un trabajo menos estresante, algo que le ayudase a sentirse mejor cada mañana y no seguir en esta sucesión de quincenas que antes de acabar ya cuentas cuanto falta para la próxima, de hablar con conductores descuidados que prefieren pagar una extorsión antes que estar al día en sus documentos, en tener un trabajo solo para delinquir puesto que el sueldo no alcanzaba ni para una puta caja de cigarros.

Cuando el hombre va por el décimo trago del peor ron imaginable, una cosa que venía en una bolsa igual que la salsa de tomate barata que venden por ahí, pero era algo que podía pedir de cortesía al portugués de la licorería a quien le sacó la última licencia de conducir, este fue quien se acercó hasta el sargento en medio de la noche para proponer un negocio, aunque Dixson lo tomó a juego, el lusitano dijo que el asunto era en serio, sacó una botella pequeña, un frasco de vidrio opaco que descansaba dentro de una ornamentada caja de plata, solo el metal debía costar una millonada pero aseguró que se la vendería por cinco bolívares, el sargento Tovar sacó un billete de cinco mil pero el hombre repitió que cinco bolívares, necesitaba que fuese la moneda de metal que dejo de producirse en los años ochenta, Dixson se rió como solo pueden hacerlo los muy  borrachos y le dijo  que mañana harían el trato, que en casa su esposa tenía una ahuyama cubierta con viejas monedas  para atraer la buena suerte , robaría una para hacer el negocio. El portugués se despidió, no sin antes enfatizar que si bien el demonio de la botella concedía todos los deseos, debía vender la botella por la mitad del valor por el que la había comprado so pena de terminar acompañando al demonio por toda la eternidad, se dieron la mano y todo continuó igual, Dixson no se movió de la silla hasta que la bolsa que contenía una cosa cuya etiqueta decía “bebida espirituosa a base de ron” quedó exánime en la papelera, en ese momento fue tambaleando hasta su casa sin olvidar aún el extraño negocio propuesto por Joao.

La mañana siguiente fue igual de desoladora  que todas, sobre todo teniendo en cuenta que salió dormir en el sofá y aguantar la retahíla de su mujer quejándose de lo mucho que trabajaba en casa mientras el holgazaneaba bebiendo en los bares del puerto, sumado a la resaca debe haber sido un amanecer horrendo, aunque no tenía guardia el hombre se duchó y uniformó para irse a la oficina, todo era escapar de la señora por unas horas, pero antes debía pasar por la licorería de Joao a ver si le daba dos cervezas (también de cortesía) para sacarse ese ratón que le reventaba la cabeza, luego se iría a alguna playa a la orilla del rio a dormir la resaca sin lio domestico ni subalternos pidiendo tramites que podían esperar hasta mañana, así podían esgrimir costos más altos.

Antes de salir y como un detalle que presumió humorístico efectivamente robó la moneda del altar de su señora para abordar la patrulla asignada hasta la licorería donde Joao lo recibió con los brazos abiertos, se saludaron efusivamente, mientras destapaban la primera cerveza, Dixson arrojo la moneda al mostrador, Joao la tomó y enseguida le dio la botella endemoniada, el fiscal la guardó en la guantera de la patrulla como si fuese una curiosidad, mientras el feliz lusitano cantaba fados e invitaba tres rondas más para todos los presentes porque esa misma noche se devolvía a Portugal.

Dixson tomó tres cervezas (no las dos programadas) y se llevó seis más en una cava cortesía de Joao, se despidieron con la certeza de no volverse a ver. Camino al rio iba pensando en que haría con la botella, pero eso no tenía sentido, en la maleta de la patrulla había un chinchorro y en el asiento de atrás seis tercios helados que pensaba tomarse mientras dormitaba la resaca a la sombra de los mangos escuchando el rumor del rio correr cerca, una cura perfecta para el malestar, como pensaba que la vida no podría ser más terrible decidió quedarse aquella noche en el sofá de la alcabala, a los subalternos se les pueden dar órdenes, a la esposa ni de casualidad.

Escogió un paraje solitario que colindaba con la casa de unos buenos amigos, estos al verlo llegar sabían que el hombre necesitaba el consuelo del rio, Dixson tocó la corneta desde el frente a la casa y los dueños del lugar se asomaron por una ventana dando su bendición para que el funcionario pasara al fondo, allí había un  sitio perfecto donde colgar el chinchorro sin posibilidad de ser molestado a menos que hubiese una real emergencia, en la alcabala le escribirían al celular si algo requería su presencia , pero estaba claro que si acaso pasarían un par de camiones pero esos eran de un general a quien no debían molestar con minucias, esa tarde todo ocurriría allí mismo.

Tres horas y seis cervezas más tarde , Dixson poco más que achispado va hasta la patrulla y saca la botella que le compró a Joao, por un momento pensó en sus viejas clases de cuando estudiaba en la universidad, recordaba aquella profesora de análisis literario quien aseguraba que los sueños debían armarse con estructura, no dejar los detalles al universo, tomó la botella endemoniada en la mano derecha y los restos de la última cerveza en la izquierda, con ambas manos extendidas hacia el cielo, detalló con minuciosos pormenores el deseo más profundo de su alma, luego se desmayó.

Los amigos de la finca donde tuvo el accidente lo trasladaron hasta la clínica más cercana en el helicóptero personal de la empresa familiar hasta el centro de salud más prestigioso de la capital, donde le diagnosticaron un colapso nervioso debido al estrés del trabajo, casi saltó de la cama cuando una enfermera que parecía salida del Miss Venezuela  lo trató de Su Excelencia, al igual que José y tal cual animal del siglo XXI, pidió su móvil para poder entender un poco, la enfermera salió y enseguida apareció una secretaria  con varios celulares,  entregándole  un aparato de última tecnología con encriptación de huella dactilar desde donde pudo revisar su bibliografía, el asunto era en serio, la botella le había cumplido su deseo, en aquel instante estaba en el periodo de acomodo para su retiro, con cincuenta años y cinco mil millones de euros en Suiza la vida sería un jamón.

Tres días más tarde lo dieron de alta, toda una operación de seguridad que culminó con el traslado en helicóptero hasta la casa de la capital donde recogería sus documentos para salir de inmediato a la Isla de Santorini donde su esposa lo estaría esperando en compañía de sus hijos y nietos, todos viven en el extranjero , aunque residen en Finlandia, saben que a su padre el frio lo deprime, por eso las vacaciones familiares son siempre en alguna isla griega porque del caribe no quieren saber nada , sobre todo ahora que tienen pasaportes de la comunidad europea ni tan siquiera quieren tratar a los parientes de su país, los ven muy campurusos para su nivel intelectual, aunque la verdad no es su culpa, ellos se fueron muy jóvenes al exterior mientras él cursaba sus estudios de doctorado y cuando hubo la peste decidieron nunca más volver a Venezuela por lo que se apuró todo el proceso de liquidación de los negocios familiares para afrontar el destino que les quedaba sin más angustia que perseguir el verano por el globo hasta que la vejez los obligase a descansar.

Este verano, mientras estaba sentado haciendo nada en una tumbona frente al mar cuando por mera curiosidad leyó algunas noticias curiosas sobre venezolanos en su Tablet, ahí se tropezó con la historia de José, de un salto se levantó de la silla y le pidió a su esposa hacer maletas enseguida, pero solo para él, explicó que había surgido un imprevisto por lo que debía salir enseguida de viaje, salió disparado, mientras rodaba en taxi hacia el aeropuerto más cercano desde donde alquilar  un avión hasta Venezuela, llamó al jefe de seguridad de la empresa, aunque  ya no era su subalterno sabía que podía contar para trabajos especiales, hizo dos encomiendas, la primera era que organizase todo para su llegada, eso significaba seguridad, hotel, carro blindado y la localización del escritor José Briceño, junto con toda la información viable para contactarlo a la brevedad posible, nada de avisar ni hacer presión, solo tenerlo precisado, vigilado para hacer una visita apenas toque tierra, muy importante no importunarlo, tenemos que recordar que ahora es un personaje famoso, además de que debe sufrir alguna paranoia en vista de lo que escribe.

Así  terminé esta noche tocando tu puerta mi pana José, eres el único testigo  de un evento cósmico, has tenido la suerte de verte involucrado en un sueño que no te pertenecía, seguramente es cuestión de la mecánica celeste que por necedad te trajo hasta mi dimensión particular. Antes de que sigamos déjame contarte que apenas pude contraté un equipo de físicos del laboratorio del acelerador de partículas que aseguran poseer pruebas de que hay otros planos dimensionales, que según los postulados de la cuántica (teóricamente) se pueden saltar entre dimensiones por lo que hay un número bastante alto de probabilidades que seamos la causa del sufrimiento de nuestros dobles (cuánticos) que han sido intercambiados al infierno venezolano de donde procedemos.

Dixson mi pana (dice José) yo te recordaba buena gente pero campechano y hasta un poco ignorante, por eso abandonaste la universidad ante la imposibilidad de aprobar las materias de la especialidad, sobre todo por tu dificultad con la lectura. Coño mi pana, contesta Dixson, abandonar la universidad fue muy duro y nunca me recuperé, por eso en el deseo pedí ser un reconocido académico y ahora resulta que soy post doctor en literatura pre panhispánica, dueño de un par de prestigiosas universidades privadas, jefe de cátedra en una de ellas, embajador de la buena voluntad de la ONU e inventor del primer blockchain académico de bajo costo, por lo que a perpetuidad  recibo una comisión por cada alumno que se inscribe en alguna de las mil doscientas universidades que funcionan con nuestra plataforma, resulta que en esta vida soy un genio, tengo una esposa hermosa, dos hijos que parecen modelos y que además poseen títulos y carreras exitosas, todo lo que quise pero hasta ahora no había a quien contárselo, hasta que leí aquella publicación, tus libros no los he podido leer pero en la Wikipedia hay un resumen bastante preciso de tu obra, ambos sabemos que escribes historia, aquella tan alocada como real pero que en este mundo parece ser una ficción imposible.

Dixson tomó un largo trago y se levantó, luego de todo aclarado, los detalles sobraban, estaba ahora en paz con su destino había comprobado no estar loco y se decantaría por dilapidar la fortuna solo para celebrar su suerte, al despedirse le pasó una tarjeta a José, dándole además un teléfono cifrado para que lo llamara cuando quisiera, si algún día la economía no cooperaba podía sentirse libre de pedir ayuda, con cuatro millones de euros podría vivir tranquilo, solo le pedía un favor que le hiciera promoción a su botella para venderla al peor postor, este debía ser una persona humilde cuyo desespero lo llevaría por otros derroteros, evitar por todos los medios alguien con demasiada imaginación no fuesen a terminar en otra dimensión, alguien que solo quisiera comida en abundancia sería suficiente. José abrazó al amigo y se comprometió a ubicar al personaje perfecto, eso además significaba una continuación de la novela que lo hizo famoso.

Un año después de aquella conversación, José aprovechó la belleza y calma del país para comprar una casa rodante, el plan era atravesar toda la costa para terminar en Brasil donde ya verían que hacer con el transporte, la expedición fue planificada para dos meses, la niña estaría de cabeza en mitad del semestre universitario por lo que sería solo una asunto entre su novia y él, ambos compraron una dotación suficiente de vino y cannabis como para dormir felices todo el viaje sin problema alguno más que cargarlas baterías solares del vehículo, llenaron las despensas con todo lo que les provocó y salieron a la carretera,   guiados por el GPS de Google,  viajaron desde el cabo San Román hasta el delta del Orinoco donde tuvieron que terminar abruptamente su viaje.

Una semana atrás José se había detenido en un kiosco de Cumaná para comprar encurtidos frescos, allí habló con unos dicharacheros pescadores que aseguraban saber que en alguna parte había una botella igual a la del personaje de sus libros, eran dos hombres que vendían “tripa de perla” encurtidas con ají dulce y pulpo fresco, ese año habían estrenado en Netflix una película inspirada en la novela que hizo famoso a José, había sido un éxito abrumador, tanto que aquellos pescadores la habían visto en Netflix, el menor había comprado una cuenta pirateada y cuando el internet funcionaba la familia en pleno veía películas.

El autor les confesó que si bien él no había sido el que pidió  el deseo, tal como el personaje de su novela, si conocía a quien lo hizo y que por asuntos inexplicables este estaba vendiendo la botella endemoniada por cinco reales de los años ochenta, el mayor de los pescadores preguntó, ¿cinco reales de los años ochenta? ¿las monedas que valían la mitad de un Bolívar?, el escritor dijo que efectivamente eso costaba pero que si en realidad la querían debían conseguir hoy mismo el dinero para hacer el negocio, los hombres del mar se miraron y sin pensarlo ambos hablaron de un frasco grande de monedas que tenía Paito en su cuarto, un abuelo que atesora monedas desde su infancia, él les había enseñado eso pero no valen nada así que no le habían puesto atención, como las almas inocentes que eran el par de orientales, se citaron más tarde para mostrar las monedas a fin de que José llamase a Dixson, sin embargo les avisó que una vez cumplido el deseo debían venderla a otros por la mitad de su valor, si no pasarían el resto de la eternidad acompañando al demonio de la botella (el que cumplía los deseos) .

Horas más tarde los pescadores, que resultaron ser padre e hijo, se presentaron en la puerta del hotel, el escritor salió a conversar, los hombres mostraron las monedas e intercambiaron números telefónicos, al volver a su habitación se escondió en el baño para hacer la llamada que su amigo Dixson tenía tiempo esperando, se hablaron brevemente solo el necesario para entregar la información, este se comprometió a encargarse de ahí en adelante, iría en persona una semana más tarde para hacer la entrega por lo que José dejo de pensar en el asunto, hizo el amor con su novia y durmió el sueño de los justos, aún quedaba ir hasta el delta para luego tomar carretera hasta el Brasil.

La noche en que llegaron al delta no encontraron hotel por lo que se decidieron a estacionar su casa rodante en cualquier parte, como estaban cansados decidieron abrir una botella de vino y preparar un porro inmenso que los relajase los suficiente, luego de tres copas y algo de yerba, todo acompañado  por sendos emparedados de Jamón Serrano con queso Munstery aderezados con mostaza Dijon, se pusieron a ver  una maratón de cine de ciencia ficción en Netflix, debido a la influencia del vino y el cannabis, ambos estaban muertos de risa comentando las incongruencias del guion de una película donde una bandada de marcianos invadía la tierra y sólo se salvaban quienes usaban gorros hechos con papel aluminio, la risa de la pareja fue acallada por unas explosiones , ambos asustados pero conscientes que eran los efectos del sonido Surround del equipo digital satelital igualmente se asomaron en la ventana , solo para ver como una escuadra de platillos voladores era atacado por un destructor inglés en pleno Rio Orinoco, José supo que los pescadores habían pedido su primer deseo, ellos también veían Netflix.




José Briceño.

Comments are closed.