Menos “dotores” y más servidores públicos en el Gobierno

Menos “dotores” y más servidores públicos en el Gobierno

 

  • ¿Dotor?
  • Si dotor.
  • ¿Cuántos carros necesita?
  • ¿Tantos?
  • A verdad que su ego no cabe en una sola camioneta.
  • ¿Necesita escoltas para cada vehículo?
  • ¿Y que sean blindados?
  • Tengo que decir que nunca vi egos tan delicados, pero usted es el dotor.
  • ¿Pero para dónde va?
  • ¿De nuevo?
  • ¿No tenía sesión en el Senado?
  • ¿Que no importa? Pues si usted lo dice.
  • ¿Pero no es ilegal?
  • Ah verdad que ustedes los dotores hacen las leyes, entonces todo bien entre amigos.
  • Bueno dotor. Yo le preparo todo.
  • Si claro, entendí. El sobrecito con los verdes para el dotor que lo visitó el otro día.
  • Hasta luego dotor.

La verdad, esto es un escrito un poco aparte. Todo nace como siempre de una conversación entre amigos, como nacen muchas grandes ideas, y si no grandes, al menos ideas. Podría decir alrededor de una cerveza, pero estas reuniones, generalmente entre semana, y a las cuatro de la tarde se nutren solo del placer de un café. Varias horas de discusión con Diego Aretz, que muchos conocerán en este medio. Él con un ideal político que no necesariamente comparto, y yo con mi nihilismo-nadaísta-existencialista, que muchas veces va en contra de crear un partido político. Va en contra porque la política es de slogans y “verdades” comidas enteras, cuando yo me voy por la duda permanente sin ninguna conclusión válida. Pero como dicen “es locura actuar sin pensar pero es criminal pensar sin actuar “ (o será inhumano?).

Entonces actuemos hermano. Creemos un partido político, o mejor creemos un chiste político. Eso de partido no me gusta, me suena a separatista, extremista, sin ideas y con demasiadas convicciones y poco cerebro. Y será un chiste político porque le apuesto que si usted comienza una frase con “había una vez un político honesto…” ya puede ver cómo se iluminan las caras de sus interlocutores esperando la continuación y el golpe final que los hará reír. Eso me recuerda el siguiente chiste:

La historia se ubica en un barco en la época antigua, esa misma época del que inventó la confusión como dijo la reina. Un día llegan los marineros donde el capitán y le anuncian que hay un barco pirata a la vista. El capitán les dice que le pasen la camisa roja y sale a pelear. Terminan el día victoriosos. Al día siguiente vuelven a entrar y le anuncian que hay tres barcos piratas a la vista. Nuevamente pide su camisa roja y sale a pelear. El día se termina y vuelven a salir victoriosos. Entonces sus marineros le preguntan que por qué la camisa roja. Y la explicación es que se la pone por si lo hieren que sus marineros no vean la sangre y sigan peleando. Por supuesto deja a todos muy atónitos y empiezan a respetarlo más por su coraje. Al día siguiente, de nuevo entran los marineros y esta vez le anuncian que hay diez barcos piratas a la vista. A esto se voltean todos a esperar la orden de su gran capitán. Entonces ordena “pásenme el pantalón café”.

¿A qué viene esto? A nada, simplemente para comenzar un chiste político hay que comenzar contando uno. O tal vez, porque en este país si se quiere entrar a la política tocará vestirnos de camisa roja y pantalón café.

Ahora si a lo que iba. Usted planteó que el chiste político debería tener como uno de sus principales planteamientos que los senadores y otros amados representantes no reciban salario. Pero trabajar cuatro años sin salario puede resultar difícil. Solo podrían ser dueños de grandes empresas, y pues dejar de producir cuatro años podría desincentivarlos. Y además no hay que olvidar que alguno de esos dotores de nuestro país pidió que le subsidiaran la gasolina porque sino lo incentivaban a robar. Imagínese si no le pagan salario qué es capaz de hacer ese honorable representante. Y el problema es que nuestro gobierno está lleno de dotores que usan ese tipo de argumentos. Argumentos que no creo que aprendieran en sus universidades sino en nuestras hermosas calles, argumento del mismo nivel de “deme la plata o lo chuzo”. Y sí, todos dotores, porque eso sí tenemos en nuestro gobierno muchos abogados (que insisten en llamarse dotores) y de politólogos, porque es bien sabido que no es importante para un país tener expertos en cada tema, sino que hay que tener gente que sepa hacer leyes sobre temas que no entienden (otro chiste político).

Entonces, dejemos de tener tanto dotor y tengamos más servidores públicos, es decir que le sirvan a lo público, o en resumen, que nos sirvan para algo. Menos dotor que su objetivo es hacer la carrera política (y ahí está otro chiste más) por su hermoso amor a la patria y sobre todo amor a su ego, amor a los billetes, amor a la pensión vitalicia, y amor a su egos (creo que ya lo había dicho pero es que creo que no cargan solo con un ego, mire a Paloma Valencia que carga con su ego y con el de Uribe a cuestas).

Entonces acá va la propuesta, nuestros electos deberían hacer eso como parte de su obra cívica, como amantes a la patria. Pero no es más que su responsabilidad como ciudadanos, no es un fin. ¿Cómo podemos lograrlo?  La propuesta es simple, tienen que ser trabajadores por fuera de su dicha carrera política. Tienen que trabajar en empresas privadas o para el gobierno, y cuando son electos, las empresas están obligadas en darles cuatro años sabáticos, pero que el gobierno paga al mismo salario que recibía en su empresa. Así la motivación no es el dinero, sino el verdadero querer aportar a la patria. Y después qué? Simple, vuelven a su vida laboral. ¿y qué pasó de su pensión vitalicia? Pues no tiene, vuelve a seguir cotizando al sistema de pensión como el resto de los mortales. Porque no entiendo por qué, fuera de que les pagamos un buen salario de nuestros impuestos, además tenemos que darles pensión por haber utilizado mi plata. Si la plata la generaran ellos, que se den las pensiones que quieran, pero si van a jugar con mi plata ¿Por qué tengo además que indemnizarlos?.

Entonces, don Diego le lanzo el primer punto de la propuesta de nuestro chiste político:

  • Los servidores públicos elegidos por elección popular recibirán durante el periodo de su gestión el mismo salario que venían recibiendo en la empresa en que trabajaba (ya sea pública o privada). La empresa está obligada a darles cuatro años sabáticos y el salario será cubierto por las arcas del gobierno. Después el servidor público regresará a su trabajo diario, y como agradecimiento se le dará un aplauso, una flor blanca, y una foto de su boletín de asistencia a las plenarias junto con la medalla por buen estudiante cuando lo amerite. Y si es suficientemente juicioso se le dejará izar la bandera los lunes a las 7:00 a.m. mientras se canta el himno nacional.

Puede que legalmente, y en terminología incomprensible haga falta trabajarlo un poco. Pero para eso hay tanto dotor en este país. Pero tendremos que monitorearlos de cerca para que no metan algún gorila y que ahora no toque llamarlos dotores sino su eminencia.♦

Juan Sebastián Duque es un crítico social. Se dedica al emprendimiento tecnológico y colabora con IC desde 2014.

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