Los hombres que no amaban a las mujeres

A pesar de la clara alegoría a la novela de Stieg Larson, este artículo no pretende hacer  referencia a la saga, lo que espera es hablar de una situación generalizada en nuestra sociedad que es causa de feminicidios, discriminación y violencia. Como a todo problema, lo que buscamos es explorar sus causas y en mi caso, creo que estas radican en la idea que los hombres poseen de las mujeres, y de fondo, en la mentalidad que alimentamos en esta androcentrista sociedad.  Si, aún sigue siendo androcentrista. E incluso racista, pero no me desviaré de tema.

Ayer retomé una lectura pendiente sobre uno de los temas más sensibles al feminismo: La violencia basada en género, ya que nos toca en nuestra integridad. Aquí hablaban de 8 casos de mujeres que superaron el ciclo de violencia de pareja, y a pesar de que el tema se vuelve tan común no dejaba de asombrarme. Me llamaba la atención la intencionalidad que el victimario manifestaba con cada mensaje: El odio que sentía hacia las mujeres por ser débiles o por ser vulnerables, cómo transmitía ese odio a sus parejas descargando en ellas los conflictos con sus madres o con otras mujeres que hayan pasado por sus vidas.

Caí en un dilema interno diciéndome: Sí, es cierto que vivimos en una sociedad violenta y que la gente resuelve sus problemas y se comunica con el otro a través de actos violentos, pero el tipo de violencia ejercida por estos sujetos no es el resultado de un mal día, es una violencia gradual, acaparadora y aplastante. No es una reacción a las circunstancias adversas, sino una decisión consciente y sistemática de afectar a otra persona de la mayor manera posible. Es un acto de odio en la más pura de sus expresiones aunque algunos pretendan llamarlo amor. Y lo que alarma es que no se trata de un comportamiento aislado, sino de un pensamiento colectivo: “A las mujeres hay que amansarlas para que se porten bien”.

Este modo de actuar es consecuencia de un pensar colectivo y distorsionado que tiene la sociedad hacia las mujeres y cómo se manifiesta a través de machismos o micromachismos. Pensaba en la cercana relación entre el bullyin y los grados de maltrato que pueden darse hacia una persona, el motivante de este maltrato suele ser la debilidad del otro. Son dos temas diferentes, aunque las manifestaciones de ambos sean muy similares. Una persona tóxica te genera mal ambiente, absorbe tu energía y te contagia de su manera de pensar, incluso algunas pueden quitarte  tu seguridad personal dando descrédito a lo que piensas y haces. 

El asunto es que desde que naces la sociedad te identifica como un ser más débil sin darte chance de afianzar tu valor o fuerza personal, te dice que eres apta para cuidar y además establece que tu misión en la vida es agradar (Entiéndase agradar como vestirse atractiva para otros, incluso si tú como mujer no te sientes muy cómoda; no ser rebelde, es decir, no contradecir a nadie y por tanto, ser abnegada y entregada a tus ocupaciones pues es eso lo que se espera de “la buena chica”), muy subconscientemente el mensaje que se emite y ha emitido a lo largo de siglos es que ser mujer es desagradable, estorboso; de lo contrario no se generaría esa necesidad social de que las mujeres agraden. Que lo correcto es que prioricemos a los demás sobre nosotras mismas (padres, esposo, hijos, amigos) aún si esto significara sacrificar nuestros sueños o aspiraciones, aún si esto significara que trabajemos de más y que asumamos obligaciones que no nos corresponden, y que al ser más importantes los demás que nosotras nos volvamos una especie de seres invisibles cuyas necesidades son menores, cuya voz no es importante y por supuesto, cuya existencia o representatividad no existen.

En ese estado de las cosas, la idea que puede armarse un hombre promedio sobre una mujer no solo es negativa sino distorsionada y bastante peligrosa, ya que los humanos solemos tener respeto solo por lo que es igual o superior a nosotros. Por lo tanto no es extraño que nuestra sociedad celebre que un hombre engañe a su contraparte, no solo en términos sentimentales sino en acuerdos generales, ya que esto significa que suma una victoria al dominarla. Si a eso agregamos la ausencia de voz que usualmente tenemos las mujeres como género, habremos generado el caldo de cultivo ideal para que una relación de pareja tradicional se convierta en una pesadilla de sometimiento y negación. Lo que de ello se desencadena va desde un simple desdén hasta el feminicidio.

Ahora, es distorsionada porque nuestra vida es la de seres humanos.  No todas somos abnegadas, no todas somos frágiles. Somos egoístas, ambiciosas, curiosas, altruistas, emprendedoras.  Tenemos los mismos estados de ánimo y todos los defectos y cualidades de una persona normal. Nos regimos por el mismo efecto de causa – reacción. Si nos gritan, gritaremos. Si nos miran mal hablaremos mal de quien nos afecte. Si nos engañan, demostraremos que el engañado es otro, de lo contrario no habría en la historia del mundo gobernantes que hayan unificado sus naciones del mismo modo que lo han hecho las mujeres. Negar esta realidad y esperar que seamos los indefensos y candorosos seres que la publicidad y la sociedad nos vende es tan engañoso como querer tapar el sol con un dedo, pero también significa entrar en conflicto permanente hasta que nos la dejen de montar, hasta que dejemos el susurro y hablemos en voz fuerte y clara. Hasta que se nos reconozca integralmente nuestro título de personas y ciudadanas.

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