Tecnicolor de los últimos días




Si los surrealistas franceses del siglo XX hubiesen estado en la Venezuela del siglo XXI, el movimiento ni siquiera hubiese nacido, no por falta de imaginación, es que la abrumadora e ilógica realidad latinoamericana hubiese pervertido el fundamento de la base del movimiento, eso de generar escenarios que no respondiesen a las leyes de la realidad como una suerte de dimensión alterna donde las leyes de la física no importan mucho.

Quienes (como yo) no están hiperconectados al internet vivimos irremediablemente atados a la búsqueda de la verdad en los noticieros, en este país las noticias están supervisadas por los institutos del gobierno, hasta los canales privados fungen como oficinas de relaciones públicas para el omnipotente estado, todos los contenidos son dictaminados por el equipo de prensa presidencial. Cada noche los altos personeros del estado dan declaraciones en torno al avance, contención y soluciones para contener la epidemia del coronavirus, en esencia todas las alocuciones son cascarones vacíos que pretenden hacer ver que algo hacen desde las altas esferas del estado para proteger a la ciudadanía, hasta ahí la cosa pinta normal pues el ejercicio de la política se basa en inundar de mentiras convenientes, en el caso de los comunistas estas mentiras son apenas esbozos de la realidad redactados para ocultar o negar responsabilidades.

Los noticieros hacen énfasis en hacer ver como los salvadores a cubanos , chinos y rusos que en teoría son los grandes aliados de la farsa comunista global, llegando incluso a anunciar con bombos y platillos una supuesta comisión médica china especializada en medicina ancestral para ayudar al pueblo venezolano a contener el coronavirus. Casi salto de la cama, de ser un programa de los tantos del cable, puedo pensar que es una broma de mal gusto concebida por algún equipo de producción norteamericano. Como sabemos el humor popular gringo no es nada exquisito ni apela a sentidos profundos, allá no hay ranchos pero al parecer el rasgo típico de las masas es la pereza mental y para ello el humor chabacano es algo de fácil digestión; pero no, la cosa era en una cadena nacional dirigida por uno de los dos vicepresidentes (que la otra es su hermana), por lo que suponemos es en serio la cosa.

Hace unos días , mientras hacía cola para esperar al camión del gas doméstico (que nunca llegó por cierto), la vecina de frente comenzó a decir burradas sobre la benevolencia del gobierno revolucionario sobre el tema del coronavirus al decretar todas las medidas restrictivas que ha tomado, en contraste con la maldad de mister Thrump que no lo imita, usualmente pretendo tener capacidad de aguante porque a decir verdad las opiniones de gentes (como uno) sin importancia ni influencia no tienen relevancia por lo que discutir tampoco tiene mucho sentido que digamos, sin embargo, el encierro continuado ha ocasionado que mi cuota de aguante ante la ignorancia esté muy baja , así que exploté de la manera más sosegada que pude.

La respuesta fue decir al resto de la concurrencia que hacer comentarios de ese tipo estaba fuera de toda realidad, que si bien los venezolanos estamos acostumbrados a pasarla mal desde hace años, tanto que ni tarjetas de crédito existen ya, en cualquier país civilizado saben que paralizar la economía no tiene sentido alguno, que de seguir así seguramente cualquier mañana de estas nos despertamos con un cargamento de estiércol para cocinar gracias a la amabilidad del gobierno que nos quiere sanos para la patria grande. Lo peor es que seguramente la gente aplaudiría la medida y hasta haría colas para recibir su ración en su caja del clap (comité de alimentación del pueblo), por supuesto la vecina no tomó nada bien el comentario y se deshizo en insultos mal camuflados, en comentarios dichos al vuelo pero que evidentemente estaban referidos a mí. En ese instante recordé que el año pasado la había mandado derecho al carajo, olvidando las formas de urbanidad, cuando quiso increparme de mal modo por mi negativa a sacar el carnet de la patria, este episodio reconfirmó que si bien no tengo amigos en el barrio por lo menos tengo un par de enemigos declarados, así que cuando comience la cacería de opositores seguramente estaré entre los primeros solicitados.

Paradójicamente, cuando escuché la noticia de labios del vicepresidente, el primer impulso fue el de ir a tocar la puerta de la señora para preguntarle qué opina sobre que un médico naturista chino la trate cuando le contagien el coronavirus; increparla para saber que sentiría si algún nieto es tratado con acupuntura mientras le da neumonía, además de comentar que según una agencia de noticias, en China se cancelaron veinte millones de líneas telefónicas lo que indica una mortandad varios millones superior a la declarada oficialmente. Seguramente no aplaudiría al gobierno, ni sería la confidente gratuita que es; lo peor de los fanáticos es que no entienden cuando sus ídolos los están tomando por estúpidos, aunque ahora que lo pienso efectivamente deben ser de lo más mentecatos para no entender que una neumonía no se cura con acupuntura, ni tecitos mágicos por muy médicos naturista que sea el que lo atienda. Para eso hacen falta antibióticos, pero si no entienden la grosería de tener que aceptar una bolsa de comida casi gratis para no terminar de morir de hambre, mucho menos entenderán que el gobierno está preparando una mortandad al mayoreo, la parte amable es que los viejos son las primeras bajas, lo amargo es que no soy un muchacho y que mi único familiar consanguíneo cercano en el país (mi padre) es también candidato a esa muerte lenta y malvada causada por un virus del que no hay escapatoria posible acá donde los hospitales públicos tienen rato con estadísticas negativas en tiempos “normales”, en estos la cosa debe ser peor.

Lo que falta es que en dos semanas, cuando la cosa llegue al paroxismo de todas las epidemias, sumado a la faramalleria cursi de los medios comunistas, que dirán por todas sus ventanas que la culpa de las muertes se debe a las malas vibras del imperio; que ha puesto precio a la cabeza de los máximos líderes de la revolución, con gran beneplácito y como medida de extrema urgencia celebrarán la llegada de chamanes africanos, babalaos cubanos o médicos brujos del Brasil que conjurarán el mal con pases mágicos, y lo peor es que seguramente habrán imbéciles que celebraran junto con ellos, en el fin del mundo todo se vale, uno nunca sabe.

José Briceño.

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